sábado, 25 de octubre de 2014

Mascarada

Me gustas cuando gritas,
porque estás presente.
Te oigo desde lejos,
y tu voz me golpea.
Parece que tus ojos
fueran a explotar
y parece que un beso
estorbara en tu boca

Como todos tus gestos
están llenos del deseo
emergen de tus deseos
llenos de lujuria
una fuerza, libre.
Te pareces a mí ahora.
Y te pareces
a la palabra
Rebeldía.

Me gustas cuando gimes,
libremente.
Y estás como quejándote,
y me oyes desde lejos,
y no me haces caso.
Déjame que me calle,
me has arrollado.

Déjame que te hable
de la misma manera.
Claro como tu entrega
simple como tu dolor.
Eres la noche
el duro fin de la esperanza.
Tu silencio es de luna,
seco y lejano.

Me gustas cuando lloras
porque me demuestras
cuan distante y doloroso
es tu camino no obstante
no esta muerto
y una palabra entonces
me dice, que es cierto,
estoy alegre, estoy alegre
eres libre al fin.







domingo, 17 de agosto de 2014

Parece que algo no marcha bien en Santa Cruz



Estoy realmente impresionado por la cruda violencia que se desata últimamente en Santa Cruz, y no sólo por la reciente muerte de la joven doctora, porque antes de ella han habido muchas más, tanto frutos de violencia como negligencias (la famosa maravilla de carretera G-77), es que me animo a poner en limpio acá, de una forma muy personal en todo caso, algunas ideas que permanentemente rondan en mi cabeza. 
Ha estallado en las redes sociales y los periódicos la molestia de muchas personas con respecto a estos actos de violencia, ante los antisociales que predican el terror en las calles de Santa Cruz, desde lo más mínimo como el miedo de caminar y que te roben el celular y unos pesitos, hasta que te maten o acuchillen por ello. Y es el cambio lo que queremos ¿verdad?
Entonces, ¿por dónde debe comenzar este cambio?
Una pregunta dura, y la verdad es que no tengo claro aún un plan para eso, lo que sí tengo claro es la permanente suavidad de nuestra sociedad que está llegando al límite.
A que me refiero: ¿Queremos seguridad y vivir tranquilos? Eso se basa en el respeto, que a su vez se remonta a la educación, que comienza en la casa por supuesto. 
Ya se comienza a entender por donde voy, ¿o no?
Les voy a decir la verdad: nuestra sociedad ha adoptado una forma de cultura que se basa en la diversión inmediata, en la levedad, en la flojera, en el hacer poco o lo mínimo para ganar ojalá mucho, en la pillería, en el ser vivo, en el cagarse en los otros por el beneficio propio (¿Quién va a negar que esta es la premisa que todos adoptamos por ejemplo, para manejar en nuestra ciudad?)
Hemos perpetuado muchas partes de nuestra cultura que vistas desde el ojo del hombre moderno, ya son pasadas no tanto por mera moda sino por los valores que un ser más informado como el de hoy debería promover en su ciudad, como por ejemplo la mojigatería, el cuchicheo familiar, el qué dirán, el cómo me veo, el ¨es nada que ver¨, y todos esos pequeños-grandes vicios que conforman una red que básicamente sirve a un gran objetivo: enaltecimiento desmesurado de lo superficial. En esta sociedad donde la belleza, la diversión, el forzado buen humor, el buen humor para caer bien y ser ¨la joda¨, la parranda y el trago son prácticamente los pilares de nuestros muy tergiversados valores, comienzan a suceder cosas horribles que tenemos (y en realidad nadie debería) soportar. Es ahora, lastimosamente, cuando comienza a arruinarse este ideal de pueblo para dar lugar a una ciudad más moderna, que toda la forma de ser donde lo difícil es pues ¨aburrido¨, comienza a no cuajar con la realidad actual, donde las necesidades exigen especialización, preparación, eficiencia y responsabilidad, se necesita más bien gente más informada, más esforzada, más culta, más humana. No estoy diciendo que leer o estudiar, que escuchar una música que hable un poco más de culos y tetas y ofende a la integridad de cualquier mujer que respete su cuerpo un poco, haga desaparecer a los pobres infelices que roban, violan, y malditos los que matan. Muy lejos de la verdad. No soy tan idealista ni tan ingenuo. Pero sí creo que finalmente ha llegado un punto nuestra ciudad donde ya simplemente no se puede vivir de la flojera, de pasarla joda, de manejar nuestras vidas como si no tuvieran consecuencias en las de los otros y hacer lo que se venga en gana. 
Ya hay problemas complicados, serios. Familias que se destruyen, errores irreparables.
Dejémonos de una vez de ser ingenieros, arquitectos, poetas, trabajadores, etc, a medio hacer porque en la U lo quería pasar la cagada, porque hay edificios que se desploman sobre vidas humanas, extorsiones que quitan años de vida y esperanzas, dejémonos de aceptar la corrupción sin que nos aflija aunque sea un poco, de tomar y parrandear religiosamente, que es un estilo de vida arraigado en muchos; creo que no hay nada malo en divertirse y bailar y celebrar, ojalá todos lo hagan siempre, lo malo está en hacer de aquello que es una simple bagatela el pilar de la vida. Ajustémonos los pantalones, regulemos nuestras brújulas, que noticias como éstas y muchas otras hacen que se nos remueva el suelo de muchas maneras. 

No creo que tomarse la vida en serio y responsablemente haga necesariamente más humanas a las personas que nos atemorizan todos los días, pero mierda, si no comienza por uno, ¿por dónde va a comenzar el cambio?

sábado, 16 de agosto de 2014

Mitos del mar


   

               I
Los Dioses del Mar


Las olas del mar rompen contra el barco,
hay una siniestra tranquilidad;
quizás los Dioses del mar 
quieren invocar la ira guardad en sus pechos,
un rencor muy humano.

…un cantar me despierta.

Lo puedo sentir.
Es el aliento nauseabundo
de quien espera,
quien ya ha muerto,
quien no vive 
pero existe.

La oscuridad del mar es vasta,
y mi remo quiebra sus olas 
dolorosamente.
¡Lo escucho!

¡Remen! Remen, remen
remen amigos,
remen como locos,
sigan,
no paren su espíritu
que lo siento;
las sirenas no existen pero sí
aquel Dios perdido
que ojalá con este canto repetitivo
apacigüe su boca larga y mojada
que nos engulle en una oscuridad impenetrable.

Canten prolijo,
desde el estomago y remen,
remen, remen, remen,
y no paren de remar,

¡os lo suplico!

martes, 15 de julio de 2014

Dos más dos son cinco: ¿Nos acercamos al 1984?

Por Zoran Vranjican





Leer a George Orwell fue como llenar el vacío que esperaba aquellas palabras desde mucho tiempo y a la vez mermar un poco la ingenua esperanza de que algunos rasgos del presente sean sólo transitorios y perecederos. 1984 es sin duda un hito de la literatura; crudo, sobrecogedor, terriblemente visionario. Nos muestra hasta dónde está dispuesto el ser humano a llegar (y qué está dispuesto a destruir) para perpetuarse en el poder. Pone en arenas movedizas las organizaciones sociales, sus conceptos de la realidad y el tremendo poder mediático de la publicidad y las nuevas tecnologías. ¿No es acaso el mundo contemporáneo una especie de aprendiz Orwelliano? Es muy probable que sí y no nos demos cuenta. Si de algo sirve esta extraordinaria novela es para sentir de primera mano la angustia del sometido: Winston Smith es un miembro del Partido Exterior, un representante equivalente a la clase media de nuestros días, que es paulatinamente sometido y sobreexpuesto a la doctrina de un partido político. Los ojos que todo lo ven son del Hermano Mayor, un emblema del control que la Media tiene sobre nuestras vidas y sobre todo nuestra percepción de la realidad. Y es aquí en este punto donde Orwell articula quizás su más terrorífico argumento, y es que el objetivo principal del partido es camuflar de cordura la más enferma locura para perpetuar su poder sociopolítico. La capacidad del ser humano por conformar un grupo de poder que se perpetúe en sí mismo y perpetúe el poder como un fin más allá de sus miembros y la necesidad de mutilar todo lo que fuera lo más profundamente humano en las personas es, de manera abstracta, una posible realidad hoy en día.  
La información y el conocimiento han sido históricamente los recursos más importantes para el desarrollo del ser humano: los idiomas y la capacidad de comunicarse permitió la compleja organización social.
Sin embargo es posible que todo lo que nos rodea, a pesar de que nuestras tecnologías apuntan aparentemente a la información democratizada y al acceso libre y general, esté siendo diseñado, no necesariamente por un partido ni un gran hermano, con el objetivo de ser instantáneo, con etiquetas de disuelve rápido y sin esfuerzos, y de esta manera hacer de lo más profundamente humano, el arte, la ciencia, etc, un producto desvirtuado, sucio e inflado con aire y no con contenido, edulcorado intelectualmente de forma económica y extremadamente fácil de digerir y así limitar nuestra capacidad de comprensión y comunicación.
A través de los medios se distribuye la peor calidad de televisión, literatura, música, etc, con el único propósito de cumplir una expectativa en el mercado: vender. Es lo que se supone que la mayoría quiere pero, ¿sabe la mayoría realmente lo que quiere o lo que le interesa? 
La cordura es cuestión de estadísticas. Y lo que realmente deja aterrado es pensar que uno mismo se inflige un autoconvencimiento de que las cosas pasarán, que lo bueno prevalece, o quizás que lo malo en realidad es lo bueno. Inducir el autoengaño es exactamente lo mismo que el doblepiensa.
El doblepiensa en la novela es la clave del método del Partido Interior, que es un símil a la clase alta de nuestros días y que ha diseñado este panorama distópico para perpetuar su poder para siempre. Es imposible ir contra el sistema, porque los mismos que dirigen el sistema se han autoconvencido de que lo que dice el partido es la absoluta realidad, a pesar de ser una sarta de mentiras todo lo que proclama el partido.
No existe otra realidad que la que crea la mente, ¿y quién controla la mente? El partido. Hoy en día, ¿quién controla nuestras mentes? ¿Cuáles son nuestros parámetros de comparación? Una de los detalles más importantes del diseño de sometimiento del Gran Hermano es desproveer al pueblo, tanto los proles (la clase baja), como los del Partido Exterior, y por medio del doblepiensa, el Partido Interior (el cerebro de la máquina) es que han aislado a la nación del mundo y así quitándoles los parámetros de comparación. Por lo tanto nadie puede saber si están viviendo mejor o peor que otros sistemas y por ende, es posible vender la falsa verdad de que nunca se ha vivido mejor. 
Es verdad, hoy en día nunca se ha tenido más acceso a la cultura, al debate y a la diplomacia pero, ¿esto ha generado un progreso sociocultural? El problema es que los productos cada vez son más enlatados y procesados. La cordura es cuestión de estadísticas. Mil moscas no pueden estar equivocadas, alimentémonos de las heces.
En las páginas de la novela Orwell describe el producto que se transmitía por las telepantallas, que a propósito estaban siempre prendidas y no había manera de apagarlas, y este es sorprendentemente parecido a lo que vivimos hoy en día: 
En ellos se producían periódicos basura que solo contenían noticias deportivas, de sucesos y astrología, noveluchas sensacionalistas de cinco centavos, películas que rezumaban sexo y cancioncillas sentimentales que se componían por medios enteramente mecánicos en una especie de calidoscopio particular llamado << versificador>> ” 
Luego de leer esto se me hizo imposible no escribir un comentario ligando la realidad que vivimos culturalmente con los augurios certeros de un Orwell del 1947, que comenzaba su última novela y estaba ya pronto a fallecer.
Esto es exactamente lo que nos está ocurriendo. Ya las noticias importantes y culturales como las más desagradables o quizás las más tediosas de digerir han sido desplazadas tanto de la televisión como del periódico por cuchicheo y farándula, puro espectáculo. 
Es más, ya nadie quiere leer más de lo necesario gracias a las nuevas tecnologías, los teléfonos móviles y sus resonantes mails y whatsapps que suenan a toda hora y en todo lugar indiscriminadamente. La sobreexposición a la información y este constante diálogo digital del que muy pocos están libres en la sociedad de hoy, a pesar de que no es dirigido ni mucho menos impuesto por un Gran Hermano, se asemeja endemoniadamente al barullo de las telepantallas obligatorias a las que Winston Smith tanto les temía. Aún peor, nos sometemos voluntariamente a estas necesidades creadas y nos autoconvencemos que necesitamos estar siempre disponibles, que leer un nuevo correo electrónico en el segundo que nos llega es una necesidad que difícilmente se puede posponer. Se convierte en una necesidad autoimpuesta que, quien puede negar esto, ¡es casi idéntica al doblepiensa! Sabemos que leer los mensajes en un momento tranquilo y ajeno al trabajo y las ocupaciones diarias, tanto sociales como laborales,  es más que prudente y realizable, sino, ¿qué hacían nuestros abuelos al respecto? Sin embargo no lo podemos evitar. Cada vez más las calles se llenan de gente caminando de forma inconsciente chateando y mensajeando por los celulares y probablemente la mayoría de ellos no tiene ninguna necesidad laboral ni real de estar conectados las 24 horas del día. Esto crea discontinuidad en la realidad, se crea una realidad alterna donde lo que dicen en Facebook o lo que me escriben en el Chat es bastante más importante que la realidad del momento, la mente comienza a crear su propia y alterna realidad. ¿Quién maneja esta realidad? Por el momento, y ojalá, nosotros. Pero esto es una Tabula Rasa para ser manipulada y llevarnos fácilmente a la realidad de 1984, donde el bigotudo del Gran Hermano (que a propósito ni existía porque era un simple slogan, una cara bonita inmortal) ni soñaba con la facilidad de manipulación de datos que existe hoy en día, donde la mayoría de la clase media y alta tiene estos aparatitos inseparables llamados celulares que pueden ser usados para recibir y entregar información tanto de audio como de video. 
¿Quién se ha puesto a pensar seriamente que este diálogo incesante con la tecnología, este barullo perpetuo de sonidos, de mensajes entrantes, de información en su mayoría trivial e innecesaria, puede estar socavando nuestra capacidad de pensamiento, de argumento, de opinión propia y por último de libertad?
La tecnología está haciendo cada vez más énfasis en la eficiencia y lo instantáneo, dejando de lado el pensamiento lineal, la capacidad de articular un argumento sólido, una opinión propia y no copiada de la primera frase inspiradora que alguien postée en Twitter o lo que dice un titular, que por cierto es un pedacito de información enlatada que pretende resumir (o vender) una idea y nada más, está favoreciendo la lectura rápida y por ende la comprensión superficial, el pensamiento en staccato donde se posee más información pero menos profundidad. Terminamos como loros, grazblando (en términos de nuevalengua, es decir graznando como un pato cosas preconcebidas y para nada interiorizadas) mutilando la continuidad de un pensamiento en virtud de una palabra que contenga una idea prefabricada, un solo significado indiscutible. ¿Cuándo ha sido la última vez que ha leído un periódico y ha leído todos sus artículos de principio a fin y no ha simplemente ojeado los titulares y sacado sus conclusiones? Cada vez hay menos lectores, James Joyce está siendo condenado al olvido simplemente por demandar un esfuerzo intelectual sostenido, las maravillas de J. S. Bach no pesan absolutamente nada al lado de figuras enlatadas como Lady Gaga o Justin Bieber,reyes de una civilización del espectáculo, por el simple hecho que todas estas piezas de arte, obras elaboradas y complejas, sofisticadas, exquisitas, demandan un esfuerzo mucho mayor del receptor, no existen sin la voluntad de querer comprender, aportar desde el receptor a crear la cultura. El arte es responsabilidad compartida, no existe si no hay alguien quién lo interprete, quién lo reciba, quién cree una realidad abstracta y personal a partir de ese elemento gatillador de cogniciones que podría ser la obra de arte. 
Es más fácil recibir una imagen, que se supone vale más que mil palabras lo cual no es cierto, que leer un texto, pero todo esto tiene un alto costo: la ignorancia. No es ignorante el que sabe poco, sino que el que no es capaz de generar sus propios conocimientos. Tal parece que los medios apelan a la falta de información personal, a la información falaz, a la información imprecisa, vaga o descaradamente mentirosa. La cultura se ha ido destruyendo, transfigurada en una no-cultura donde todo es arte y por lo tanto ya nada es arte, lo que quizás se originó como una vanguardia ahora es un pretexto para exponer y distribuir falso arte, un arte barato que no sorprende ni impacta a nadie, y ya quizás nadie quiera ser sorprendido o impactado.

La política se ha vuelto hueca, vanidosa, falta de argumentos, donde la foto del candidato se ha hecho slogan e importa más una sonrisa blanca y transparente, un aspecto paternal o maternal que te indique que todo estará bien, que cuidarán de ti y tus intereses (si acaso la sociedad verdaderamente tenga claro cuáles son sus intereses y los del planeta) y a nadie le interesa mucho las propuestas que un partido traiga y mucho menos si cumple lo que se promete o bien si es posible cumplirlo desde un principio. La gente se aplica el doblepiensa, hace la mirada gorda ante los abusos y dobles discursos, porque les acomoda una ideología u otra y no les importa qué es lo que hagan con tal de no contradecirse. La política ha dejado hace mucho de ser coherente y fiel a sus enunciados, pareciera que todo es maleable, que toda verdad es posible doblarla, encontrar un resquicio argumentativo con el que sea posible la triquiñuela del doble discurso, del hoy si pero quizá mañana no, el doblepiensa por todos lados: la realidad que se dice hoy es la que ha existido siempre, no importa si el pasado lo contradiga, la realidad es un estado de la mente y siempre y cuando el ser humano sea capaz de engañar a su mente, de doblegar la razón, será capaz de crear nuevamente un pasado y así vivir en un presente fluido y maleable, donde ya nada de lo que alguien pueda decir es decisivo, donde la responsabilidad de una postura se disuelve en el mar de vaguedades, donde los argumentos de locura están camuflados de cordura gracias al profundo desinterés de la gente aturdida de información que procesan de manera incompleta y desvinculada de reflexión alguna, nunca armándose de fuerza de voluntad para investigar, cuestionar y replantear todas las verdades absolutas que nos plantean los partidos políticos, las religiones, la oferta y demanda de los mercados y en fin, todos los mecanismos de nuestra actual realidad que operan como repetidores de una cultura plástica y mecánica, para empobrecer y acaso destruir lo más profundamente humano, el verdadero vehículo de expresión, la cultura, el pensamiento propio, el conocimiento y la libertad intelectual. 

domingo, 22 de junio de 2014

Visiones


1



- Cuéntame lo que pasó.
Mónica escuchó la voz suave y abrió los ojos. La miró con cierta reticencia, como si algo de todo eso pudiera salir mal.
Estaba exhausta, y con dificultades se incorporó. Sintió aquel dolor amargo en el centro de su vientre mientras con mucho esfuerzo quedó sentada en el suelo sobre aquel montón de paja seca que tenía debajo.
- ¿Qué es lo que ve en las cartas?- le preguntó.
- Una vida
- ¿La mía?
- Si, una de ellas
Su largo pelo caía por unos hombros enjutos, enrollados unos entre otros como hermosas trenzas, adornados de colores, siete, contó Mónica desde que había llegado. 
Desde que había respirado aquel vaho de hierbas extrañas y le habían provocado terribles alucinaciones, así ella creía. 
- ¿Son vidas pasadas? - Preguntó.
La voz ronca de la ermitaña gruñó aprobando y desaprobando a la vez aquella frase pronunciada. El olor desagradable a yerbas maceradas se había diseminado y sólo quedaban los inciensos. Esos tenían un olor complaciente.
Mónica tragó saliva y sintió la acidez de su vómito, miró la vasija a su lado, asqueada.¡Todo aquello había vomitado! 
Mientras la anciana reflexionaba, o roncaba, o quizá ninguna de las anteriores, se preguntaba realmente para qué las cartas. Lucían como papeles viejos y arrugados, algunos muy rasgados, con simbologías inexplicables pero, había algo en todo eso que le evocaba un lugar en común, de alguna manera u otra, comprendía sin directamente comprender a todo lo que iba esto.  Recordó el largo sueño antes de inhalar, se estremeció.
- En esta carta veo algo, una oscuridad. No, antes de la oscuridad había una gran felicidad. Felicidad…
Se puso a pensar la anciana, miraba al techo con sus ojos claros y desteñidos, y fue cuando su boca se afiló, esbozando una sonrisa de comprensión.
- ¡Ya lo sé!

2


Despierto. Me encuentro bailando al lado de un fuego. No veo del todo bien, pero alcanzo a divisar un grupo de personas, todos hombres bailando a mi lado. Los sonidos de tambores golpeando en frenesí ya estaban allí probablemente mucho antes que yo, quizá antes que este mundo existiese. Suenan. Suenan muy fuerte. Yo me muevo, no exactamente con ellos. Es extraño, mis brazos, mi cuerpo, mi mente, mi alma, todo vibra, baila a través de los tambores. Yo me he convertido en los tambores. Soy la vibración. No puedo parar, simplemente estoy siendo un testigo de mi misma. ¿Misma? 
Siento con precisión mis pies, mis manos, mis hombros, mi respiración agitada, mi corazón contra un pecho sin senos. Estoy desnuda a excepción de una tira de ropa que taba mis genitales y que con el movimiento siento que se asoman inevitablemente. Todo allí se ha prolongado. No siento pudor. Es como si todo lo que yo fuera no lo soy. Me siento a través de otra persona. Miro a mi compañero, miro el fuego y me miro en el fuego, veo mi reflejo. Soy un hombre. Percibo todo de una forma que jamás me había imaginado que se podía sentir. El sonido de la música es la liberación de mi cuerpo. Me siento alado, me siento un río. Observo, mientras mi cuerpo sin esfuerzo se mueve al ritmo de la música, o es la música, que estamos rodeados. Mujeres con los pechos destapados, niños, ancianos. El atardecer oculta sus rostros un poco, pero esos ojos miran y no dejan de mirar. No se mueven pero sé que son la música también. Es imposible que sea de otra manera.  Una de ellas, la que tiene un bebé colgando del pecho, cuya leche se chorrea por su mejilla, es mi…
Sé que es mi alma dada vuelta, no conozco otro concepto más que ese. Esa mujer es mirarme al espejo y su hijo, el mío, es el fruto de aquella ancestral comprensión de correspondencia. Trato de explicarme todo aquello y no logro comprenderlo, mis conceptos no se ajustan a mi cuerpo. Siento algo que se acerca a la felicidad, pero no lo es exactamente. Es una sensación de luz brillante, de éxtasis y calma, de simplemente existir. Los tambores se hacen cada vez más fuertes, me voy…me voy. ¡Qué sensación más horrible! Me desgarran de la piel de hombre, grito y no me escuchan, ¡me voy!...


3


La anciana se encuentra a su lado. Le pone un trapo húmedo en la frente, ella suda febrilmente. Parece que se va a morir, pero la anciana sabe perfectamente que no es así. Guarda la calma, le acerca el cuenco para que pueda vomitar, y ella vomita, una y otra vez, durante horas, mientras se estremece. A veces abre los ojos, están blancos, sin pupilas. Grita cosas, susurra cosas, canta, sus músculos se mueven rítmica y enérgicamente. Suspira, luego se calma. Ahora llora sin parar. Sus manos son nudos, no para de llorar. La anciana cierra los ojos y comprende aquel sufrimiento, sin saber de donde viene y sin comprender su sentido. Acepta el sufrimiento y lo acoge con sus manos contra el pecho mientras canta una canción que no es ni triste ni feliz. 
Se calma por fin. Su respiración es honda y pausada, como si la desesperación hubiera pasado totalmente. La anciana guarda silencio, y no despega la vista de ella. La observa con la mirada perdida. Y espera.


4


Existo nuevamente. Me siento correr con el viento, ¿soy el viento? Miro a mis pies, negros y sucios. Estoy desnudo. Soy hombre nuevamente. Mi pecho está afligido, algo terrible ha pasado. Siento el aire que se acumula en el diafragma y como exhalo un grito desesperado, lleno de dolor y angustias. Llego a algún lugar. 
Algo en mí, algo muy escondido, siente alivio. La mayor parte de mi ser siente un dolor indescriptible. No es dolor como lo comprendo, es vacío, es inexistencia. 
Observo a duras penas, las lágrimas atiborran mis ojos, el fuego y el humo que salen de las chozas que alguna vez fueron las mías, y las otras de gente muy cercana. Todas llenas de un odio que se transmuta en fuego. Caballos, escucho el galopar de algunos. Siento ese fuego en mi corazón en forma de un odio irrefrenable que me destroza. Siento como envenena mis venas, desgarra mis músculos, destruye mi mente. Hay una sola palabra en mi mente, que late apresuradamente, golpea contra mi paladar, la quiero gritar, no puedo. No sé por qué. Golpea contra mi cabeza, siento que la cuerda que me ataba al cielo se rompe. ¿Qué cuerda? Las raíces que crecían de mis pies se destruyen, se pudren. Siento el miedo de morir de hambre, pero no lo pienso. En realidad no lo sé, no me doy cuenta como puede ser que esto ocurre. 
Paso la noche llorando contra un árbol. No quiero morir, es otro el deseo que me inunda. Pero me ha abandonado el deseo de fluir. No siento la vigorosa naturaleza por mis venas, el ritmo se ha acabado. Mi corazón late sin consciencia, caprichoso, porfiado. Ya no lo domino como antes lo hacía.  Recuerdo la leche con la que el alma mía que no era yo alimentaba mi fruto. Ya no hay vida en aquello. Se apaga todo lo que latía tan vivo en mí. Hay una amargura sobrecogedora. Me apago. Creo que he perdido el conocimiento.


5



Estoy viva. Me levanto y camino hacia las cenizas. El humo se extiende hacia el horizonte, ya no queda nada sin embargo. No hay nadie, los cadáveres están tirados en la tierra como quien arroja una cáscara de banano al piso, inservibles.
Todo está violado. Nada descansa en este lugar. 
Mi cuerpo resurge nuevamente, siento la fuerza vibrante de la naturaleza, soy fuerte nuevamente, muy fuerte. Y muy violento.
En mi mente la venganza se esboza como justa paga de una deuda. No encuentro a mi mujer ni a mi hijo. Me largo y trato de no recordar aquello. 
En algún lado debe haber un destino. Ese es el nombre que le doy a la razón, a la verdadera explicación de todo esto. Me siento al lado de un árbol y espero muchos días. Siento como mi cuerpo se va degradando, aquella furia que alimentaba una fuerza feroz se convierte poco a poco en debilidad hermosa. Al cabo de un tiempo a solas en el bosque, al lado de aquél árbol que me vio llorar, acepto mi destino, y aquella fuerza, la siento en mis venas, comienza a fluir como un arroyo. Despacio, repentino, comienza a florecer algo en mi pecho. Su fuerza ya no se mide en cantidades. Mi cuerpo despide un aroma bello. Abrazo y beso el árbol, cuya alma reconozco y sé, es mucho más sabia y fuerte que la mía. Beso sus raíces, y me reconozco en ellas, mi alma apenas comenzando a subsistir. Algún día seré tan alto y frondoso como tú, maestro. 


6



Mónica sale de la choza, perturbada en tantos sentidos. Aquella tarde había visto y sentido cosas que jamás podría explicar. Necesitaba dormir, comer.  
Algún día decidiría, pensaba, si aquello fue un sueño o una visión. No había nada que pudiera digerir ahora.

A sus espaldas, en las penumbras de la choza, los ojos de la anciana brillaban como dos velas, y de su sonrisa afilada resplandecían pocos dientes. Los suficientes quizá, los suficientes.

viernes, 30 de mayo de 2014

Osvaldo Golijov: una cultura global

Osvaldo Golijov:
una cultura global



En la fotografía:
Osvaldo Golijov



Ensayo
por Zoran Vranjican
estudiante de interpretación, mención guitarra.
Profesor Guía Cristián Guerra
Universidad de Chile
Santiago, 2014


Comenzaré este ensayo con las propias palabras de Osvaldo Golijov: “el goce del ritmo latino no es un goce de tarjeta postal, tampoco es un goce de pura fiesta, es profundamente espiritual” 
Golijov es un compositor nacido en una comunidad Judía en la Plata, Argentina en el 1960. Creció rodeado tanto de música de cámara puesto que su madre era pianista como música litúrgica judía, el klezmer y el tango de Astor Piazzolla. Esta es, probablemente, una de las muchas realidades sociales de Latinoamérica; hombres y mujeres nacidos y criados en la cuna de este continente diverso que poseen una cultura híbrida perteneciendo tanto a sus antecesores como a la propia realidad actual. La visión de Golijov acerca del ritmo es esclareciente en muchos aspectos: el más relevante quizás es que en su frase deconstruye el concepto ampliamente aceptado en el imaginario sobre todo extranjero (cuando hablamos de extranjero me refiero por supuesto a las culturas que no pertenecieran o no tuvieran contacto con América latina) de que la alegría es la idiosincrasia casi propagandística de los latinos, el ¨sabor¨ es una de sus cualidades infaltables y lo exótico estaría siempre presente, a manera de una imagen cliché, una cartita postal, un par de fiestas a las cuales hay que asistir para divertirse. Quizá estos conceptos llevan implícito que Latinoamérica es un lugar de cultura ligera (concepto anglosajón “light” ) donde todos sus rasgos son más bien relacionados a la juerga y la desinhibición. Este aspecto un poco patético es probablemente causado por el lado oscuro de la globalización, donde se tiende más bien a etiquetar, tildar sin responsabilidad, estereotipos diseñados para los mercados, donde se construye a priori una etiqueta, un marco comprensible para el consumidor, de lo que quizás es casi o directamente inabarcable o etiquetable. Asumiendo la responsabilidad latina de este aspecto, Golijov nos dice que más bien es todo lo contrario y lo demuestra en su música, una obra ecléctica desde cualquier punto de vista. Para demostrarnos lo que dice, Golijov es capaz de incluir todo tipo de música y/o práctica cultural en su obra: desde coros afrolatinoamericanos, ordenadores de última tecnología, bailes, instrumentación folclórica y popular, sonidos originalmente populares como fueran grupos de música caribeña, hasta danzas klezmer, música judía, el tango de su país, etc. Y no solo Golijov logra hacer que estos mundos converjan en su música, sino que también hace converger de una forma natural, casi imperceptible, el modo de operar de estas músicas, dejando prácticamente intacta la música original del resultado “estetizado” que fuera su obra de arte. Es decir, no emplea la música de manera de inspiración ni la recrea, sino que más bien la inserta de muchas maneras, a veces intacta y a veces no. Lo importante de esta operación no es solo el novedoso resultado, sino la profundidad de visión de este hombre, pues de este modo no solo salva ni reivindica una música propia, sino que la valora, la respeta y la incluye en la práctica actual de la música, aspecto mucho más cercano a una realidad que la simple reconstrucción de un imaginario latino puesto en una obra que, evidentemente, fuera europea como por ejemplo en el caso de la música catedralicia en las misiones. Es importante establecer el contraste pues la música barroca de las misiones en Latinoamérica es justamente lo que se podría llamar Europa desde los ojos de Latinoamérica. No es una práctica real, es una ficción. Es simplemente la operación de recrear la práctica musical en otro lugar, de ninguna manera salvaguardando o ni siquiera incorporando menos aceptando las prácticas reales y contemporáneas que se pudiesen llevar al cabo en el lugar. 
Sin embargo, contrastando pero nunca quitando el valor de todo tipo de práctica musical (ya sea práctica performática o compositiva) el meollo del asunto radica en que la música del  compositor Judeo-argentino Osvaldo Golijov transforma las perspectivas estructurales y culturales para dejar de sólo ser un estandarte intelectual de juegos intertextuales divertidos como fácilmente uno podría asumir por las dos influencias predominantes en ella que son: 1. su influencia latina y 2. la tendencia de globalización musical y acuñar en su mensaje las diferentes culturas y cánones hasta la fecha, puesto que juega con una diversidad enorme de elementos culturales e identidades que llegan hasta a ser anacrónicos, y se vuelve más que un objeto de arte dispuesto a ser apreciado, disfrutado y estudiado. No es un simple rebajo ni menosprecio de su calidad, no es que simplemente Golijov juegue con lo banal y la música popular para obtener un resultado festivo y entretenido, tampoco es que le guste coquetear con las fronteras entre música popular, música funcional y música de arte, si no que parece trascender toda definición y en tanto que su música se torna tanto funcional (como por ejemplo una fiesta latina bailable) como contemplativa (vinculada a la definición de Octavio Paz de la obra de arte, que tiene que ser un objeto no funcional que sólo sirve para ser arte y que crea diferentes y múltiples cogniciones), una propuesta totalmente innovadora. Golijov es el tipo de compositor que es capaz de incluir y abarcar los mundos musicales, no solo en su obra en general, sino en una misma obra, tanto al neófito musical, al latino en su fiesta y baila, como al más perspicaz oyente de música clásica y el estudioso. 
Esta característica en su obra tiene raíces en la teoría de la transculturalidad.
La transculturación se refiere a la situación en la cual, varias culturas que tienen contacto se influyen mutuamente y sobreviven por largo tiempo En cambio la interculturalidad, está más ligada a la creación de políticas públicas que proponen el buen vivir y el desarrollo local, que plantean los gobiernos de muchos países, fomentando el respeto inter-étnico entre los pueblos que comparten un contexto geográfico. En ese sentido podríamos decir que las investigaciones transculturales son teóricas, y que los estudios interculturales poseen una mayor aplicación práctica; actualmente tanto estudios transculturales como interculturales están abarcados en un campo más grande, o sea en los estudios culturales. 
Esta transculturalidad es notable en obras específicas como la Pasión según San Marcos, donde expone la perspectiva espiritual del mundo latinoamericano ante la fiesta, el ritmo. Para esto Golijov se vale, como ya se ha expuesto antes, del recurso de tomar intacto grupos musicales que crean una estética sonora específica y que tienen como función rescatar y mostrar de la fuente directa la propuesta sostenida que “el goce del ritmo latino no es un goce de tarjeta postal, tampoco es un goce de pura fiesta, es profundamente espiritual”
En su obra reciente, Azul, que se aleja un tanto de esta estética predominantemente latina, se puede observar la transculturalidad como un fenómeno de la globalización tal y como el profesor doctor Luis Merino expone en su disertación acerca de la globalización: Interconexiones múltiples: tanto la expansión creciente de otras culturas hacia América Latina como la proyección creciente de la cultura de América Latina hacia otros centros tales como Estados Unidos, Israel y Japón.
Osvaldo Golijov es un personaje pivote entre las diferentes culturas, siendo tanto el latino que proyecta su influencia cultural hacia países como Israel, en tanto que él es parte de este mundo, dada su pertenencia a la religión judía. Por lo tanto es apreciable en su obra Azul todo tipo de influencias desde las danzas judías hasta el empleo camuflado de la tradición europea. Desde el minuto 9:31 aproximadamente del video en soporte digital (YouTube) uno comienza a escuchar un empleo textual de una música que nos recuerda al barroco e incluso me atrevería a decir que hace referencia al estilo de Vivaldi en el minuto 9:41. Luego esta mezcla continúa su curso como si fuera la historia que avanza y encontramos momentos musicales que podrían ser las voces de Beethoven, o por lo menos una conceptualización muy subjetiva de su música, hasta pasar por momentos que nos podrían recordar a Schoenberg y su Noche transfigurada, con los violines haciendo arpegios ascendentes y descendentes, tal y cual como Schoenberg usa para el momento de ¨Transfiguración de la noche¨ pasando del re menor oscuro significando la noche y los peligros del bosque (según el poema homónimo de Richard Dehmel) hasta la aceptación del personaje principal y la transfiguración de sus miedos y el amor por la mujer que carga el hijo que no es suyo. La noche amaina y amanece tanto espiritualmente y emocionalmente como físicamente. Me aventuraría a asumir (corro el riesgo) que Golijov es capaz de encerrar las mil y una noches y sus historias, relevancias, significados, en una sola obra que fluye sin interrupción aparente, sin embargo generando una cantidad de textos entrelazados que cobran una nueva connotación expuestos de esa manera, mezclados, disimulados, evocados, etc. En su obra Last Round el tango y su tradición argentina se fusionan en una estética que pudiese ser visto como el Piazzola de nuestros tiempos, atrevido e intenso, arriesgado. Oceana es otra de las obras de importante transculturación, usando textos de Pablo Neruda, evoca un mundo acuático lleno de elementos rítmicos que entrelazan diferentes países de Latinoamérica y quizás Europa, creando una obra totalmente global, mixta, mestiza. 
A manera de conclusión podríamos pensar a Golijov como el auténtico latino, abierto y despierto a una realidad compleja y globalizada donde lo vernáculo y tradicional está siempre sujeto a una revisión cuidadosa en sus términos y siempre puesta en perspectiva de una actualidad y realidad social, geográfica y cultural. 

Bibliografía




Enlaces en Internet

http://es.wikipedia.org/wiki/Transculturación


Textos y exposiciones en clases

(Primer semestre 2014 Universidad de Chile, Santiago, Chile)


Culturas musicales en Chile y América En el marco del orden global (siglos XX-XXI) 
Prof. Dr. Luis Merino
Transculturación, globalización y músicas de hoy
Joseph Martí

Música a las 8:30 : Golijov Pasión según San Marcos

Prof. Cristián Guerra




sábado, 24 de mayo de 2014

La revolución del oído

¿Qué es realmente lo que llamamos música? Son los sonidos (o silencios) que un compositor o ejecutante  ordena deliberadamente, bajo su propio criterio y sensibilidad. Pero, ¿deberíamos limitarnos a un concepto tan superficial cuando lo que sucede con la música es un acto mágico, casi inexplicable? Hay que entender que el concepto de ordenar los sonidos de una forma agradable al oído ya no es válido en nuestros días, hace bastante tiempo en realidad. El arte está en constante cambio, para permanecer fresco y vivo necesita ser replanteado una y otra vez, hasta el infinito. Entonces lo primero que podríamos plantearnos nosotros como oyentes es abandonar todo tipo de prejuicios y falsas comodidades respecto a la música de nuestra época. Existe una razón (de las tantas que se nos podrían ocurrir) bastante simple por la cual nosotros permanecemos cómodamente refugiados bajo el velo de la música de los ¨clásicos¨; la tonalidad. Desde que nacemos el mundo que nos rodea nos empapa de este sistema coherente donde todas las notas tienen una jerarquía, y si alguien se atreve a recorrer el camino contrario, aunque sea sutilmente, empieza a crear un efecto sonoro ¨disonante¨ o ¨raro¨, como es común que sea catalogado. Las canciones de cuna, los cantos populares, el folklore, por lo general, están fuertemente enraizados en la tonalidad, muchas veces bordeando la simplicidad armónica. Aaron Copland (gran compositor estadounidense del siglo XX) plantea en su libro ¨Cómo escuchar la música¨ que la verdadera razón por la cual los conciertos de música docta se basan en música de compositores ya muertos y no los actuales, es por la reticencia del oyente ante las nuevas sonoridades. Somos como bebés indispuestos a dar un paso más allá de lo conocido. A pesar de que la tonalidad aún no nos abandona, y que hoy por hoy existen compositores como, entre muchos, Phillip Glass o John Adams que se han cansado de las brutales disonancias del siglo XX y se han volcado nuevamente a esta nueva simplicidad tonal, existen obras maestras que están ya muy lejos, sino realmente años luz, de la cómoda jerarquía tonal. La emblemática Consagración de la Primavera de Igor Stravinsky fue quizá la primera obra moderna que pisó fuerte en suelo parisino. Tan fuerte, que en su estreno el 29 de Mayo del 1913 se armó, en la ópera del Champs d`Elysee, el escándalo más grande de la historia de la música. De un carácter plenamente primitivo, dotada de absolutamente nuevas sonoridades tímbricas y ritmos tan filosos y abruptos que convierten en momentos a una orquesta entera en una sola máquina percusiva, Stravinsky presenció la decepcionante acogida de su nuevo Ballet Russe, tan vanguardista que el público presente, algunos profundamente ofendidos, gritaban y abucheaban a los músicos y a los bailarines (dirigidos esa noche por el brillante bailarín y coreógrafo ruso Vaslav Nijinsky). Luego de cierto tiempo, el ballet de Stravinsky se convirtió en un ícono de la vanguardia, fue aceptado y alabado como se merecía. Cuestión de costumbre nomás. Hay que abrir los oídos, y aceptar los sonidos, sean placenteros o provocadores, pues el arte no se puede (y no se va a quedar jamás) en un letargo de únicamente placenteras armonías y melodías. Está en su derecho remecer al espectador con el más abrupto de los sonidos, o acariciar y consolar con la más sublime y benéfica melodía. Basta con dejar de discriminar lo feo, lo no-agradable, puesto que quizá, uno nunca sabe, el mensaje más poético puede estar enmascarado de la fealdad más insufrible.

domingo, 11 de mayo de 2014

Franz Schubert y la obra de Goethe: Erlkönig, una visión del texto a través del contexto

Ensayo



Franz Schubert y la obra de Goethe: Erlkönig, una visión del texto a través del contexto



UNIVERSIDAD DE CHILE 
FACULTAD DE ARTES 
DEPARTAMENTO DE MÚSICA 

CURSO HISTORIA DE LA MÚSICA

Por Zoran Vranjican
Profesor guía: Prof. Doc. Luis Merino Montero





Hombre= al pequeño burgués alemán

Friedrich Engels en una carta a Karl Marx acerca de Goethe, 
15 de enero del 1847







Introducción



Es fácil imaginar a una persona como Franz Schubert, prolífico compositor de Lieder, acercándose a los textos de Johann Wolfgang von Goethe. Es más, sería impensable que una de las más grandes figuras literarias de Alemania, allá por el siglo XVIII, haya dejado indiferente a este visionario de la música, cuyas canciones se ha dicho que son una perfecta amalgama entre texto y música. Pero, la verdadera discusión se genera en realidad cuando nos hacemos una serie de preguntas que nos podrían guiar en este amplio panorama; ¿Qué opinión tenía Goethe acerca de los trabajos de Schubert sobre sus poemas? Para esto me abocaré completamente, aunque no única ni estrictamente, a la balada del Erlkönig, o el Rey de los Alisos, compuesta probablemente en Octubre del 1815, durante uno de los períodos más activos como compositor para Schubert.
¿Qué razones tendría Goethe para generar juicios, y en que medida éstos son válidos poética y musicalmente hablando, sobre su poesía transformada en una canción? 
Las opiniones de los diferentes personajes importantes de la época es clave para tener una visión más exacta acerca de esta importante discusión, y también quizá, para llegar a comprender un poco más las razones por las que el propio Schubert convertiría esta balada en un emblema musical, tanto por su belleza y lirismo, como también por la acertada evocación de los diferentes personajes, y también por sus exigencias técnicas y teatrales. 

Es importante recalcar que la manera de abordar una obra como Erlkönig tiene varias facetas que deben ser incluidas en el análisis (y que no enumero acá porque resultarán obvias más adelante), y cuya unión crearán lo así llamado contexto. En resumidas cuentas: una visión del texto poético de Goethe, enfocado desde el contexto social, literario y musical, sus múltiples interpretaciones y por último la perspectiva desde lo poiético a lo estético, de la creación al resultado o múltiples resultados, punto que creo es determinante y quizá el más relevante de todo este trabajo, porque resume básicamente la siguiente pregunta: ¿qué límites tiene una obra de arte para ser interpretada y/o reinterpretada?




Schubert y Goethe



A pesar de que Schubert y Goethe nunca se conocieron, es cierto que Goethe sí escuchó algunos trabajos de Schubert sobre sus poesías, y en específico, el rey de los alisos, lied. Se sabe que en la casa natal de Goethe, situada en la calle Hirschgraben del antiguo Frankfurt am Main y donde nació en 1749, poseía un cuarto especial dedicado a la música. Su padre tocaba el laúd y su madre el piano. Hay testimonios que aseguran que Goethe sabía bien tocar el piano y que fue capaz de leer música sin dificultad alguna.
Por tanto nos incumbe la pregunta: ¿Qué es lo que opinaba el maestro de las letras sobre la música creada por Schubert?
Hoy en día el trabajo del compositor es aclamadísimo y muy importante, de gran calidad melódica y se dice también que Schubert es capaz de penetrar en la poesía hasta lo más esencial y crear desde ese punto una amalgama de música y letra.
Pero no obstante, Goethe no tenía la inclinación hacia su trabajo como podríamos esperarlo. Es más, era aconsejado y él admiraba a otros compositores, entre ellos a Carl Friedrich Zelter, en cuyas manos puso oficialmente la labor de la musicalización de sus obras.
La visión de Goethe sobre la música era contradictoria, pues si bien existen testimonios  de un Goethe aclamando a la música como el arte más sincero y sublime, “la dignidad del arte aparece en la música acaso en su aspecto más eminente, porque ella no tiene materia. Así es enteramente tanto forma como contenido y logra elevar y ennoblecer todo lo que expresa”, como también se refiere a las obras cantadas, vale decir el lied, como una pieza subyugada por el texto. Es decir, respetando todas las métricas y la música que el propio Goethe componía con sus versos, y poniendo la música en segundo plano, apoyando esta idea pero nunca transgrediéndola, nunca creando nuevas cosas a partir de la evocación o el subconsciente. Goethe era un esteta, preocupado por las pequeñas cosas y muy a menudo, como lo dice Friedrich Engels en una carta a Karl Marx: “ este libro (Albertine von Grün: Ein Frauenleben im Umkreis des jungen Goethe - Briefe, Biographien, Würdigung) es una brillante demostración de que el hombre (Goethe)= al pequeño burgués alemán.”, un burgués preocupado de lo racional y lo funcional. Es por eso que no sería una gran sorpresa que Goethe no haya apreciado las obras de Schubert, con todo ese ímpetu del romántico, despertando las más negras pesadillas de los bosques y su rey, contra la visión Goethiana más ordenada y lógica, donde la alusión a la naturaleza es de carácter más leve, popular, y no cobra esa preponderancia como la que tiene el Lied de Schubert.
Por su parte, Schubert es un hombre tímido y plenamente romántico. Es natural en él dejarse guiar por la intuición y no la razón, pues por esto se ha ganado, bien merecido, la asociación a la melodía; Schubert es melodía. Él mismo decía que cuando quería cantar sobre el amor salía el dolor y cuando quería cantar de dolor salía lo contrario, el amor. Esto nos deja una evidencia de cómo Schubert veía la obra de arte propia, como le sería quizá imposible haber llevado al cabo el trabajo de Zelter para Goethe o haberle dado en el gusto al poeta alemán. A pesar de esto, era al mismo Goethe a quien Schubert admiraba más. Schubert se extasiaba con la pureza y elegancia del estilo del célebre poeta alemán. Se dice que el mismo Schubert, a través de su gran amigo Josef von Spaun, envió a Goethe uno de sus cuadernos con sus poesías musicalizadas, entre los cuales estaba el Rey de los Alisos, una de sus canciones más celebres. Sin embargo Goethe no atendió a este asunto y no respondió a la carta enviada por el amigo Spaun, ni a la dedicatoria de Schubert en su música. Algunos biógrafos de Schubert comentan al respecto que: “ Goethe estaba tan identificado con el mundo musical y expresivo de Zelter y Reichard (otro de sus más grandes colaboradores, cuyas diferencias en algún tiempo los distanciaron pero luego volvieron a trabajar juntos), completamente distintos en su aspecto formal, que muy bien puede haberle sido imposible acercarse a la lírica de nuestro gran romántico.
A pesar de esto, Schubert no se detuvo y compuso alrededor de ochenta temas sobre las obras de Goethe.



Schubert



El aspecto excepcional de Schubert es el hecho de que constituye uno de esos hitos aparentemente inevitables en la evolución del hombre hacia su propia realización: era la suya una conciencia que rendía cuentas ante sí misma y no ante los poderes externos. La voz de Schubert se convierte repentinamente en la voz de cada ser humano.
Nace en Viena el 31 de enero del 1797. Su padre era un maestro de escuela y su madre trabajó como cocinera en la capital austríaca. De catorce hermanos, el era el penúltimo. 
Schubert aprende las primeras notas musicales de su propio padre, quien le enseña a tocar el violín. Luego Michael Holzer le enseñaría armonía y a cantar.
En la iglesia de Lichtenthal ejerce como violinista y soprano, bajo la tutela de Holzer. Luego en 1808, con 11 años, entra en el Convictorio Municipal de Viena como niño cantor de la Corte. Allí escribe sus primeras obras: pequeños cuartetos, piezas para piano y algunos lieder.
En 1811 se pelea con su padre, quien le prohíbe la entrada en la casa paterna, pues no está de acuerdo con la vocación musical de su hijo. Este hecho marca profundamente y de manera permanente al joven Schubert, quien hasta los años de su muerte sufre por el trauma causado gracias al rechazo paterno.
En 1812 muere su madre y logra cierta reconciliación con su padre, es el año también cuando comienza a estudiar contrapunto con Antonio Salieri. Sin embargo, su voz cambia y eso provoca la separación del coro de niños donde él cantaba como soprano. Dos años posteriormente escribe su primer lied importante: Margarita en la rueca, con textos de Goethe. Ese mismo año comienza a ejercer de maestro ayudante en la escuela de su padre, y también se presenta su primera Misa, en la cual canta uno de sus primeros y grandes amores: la soprano Therese Grob. Schubert aclama que Therese era la mujer que más había amado, que no era hermosa pero era perfecta para él. 
En el 1815 termina la segunda sinfonía y compone más de cien lieder con textos de Schiller, Matthison, Goethe y otros. Entre ellos destaca la obra tratada acá: El rey de los alisos. En el 1817 deja la escuela de su padre para dedicarse completamente a la vocación de músico. Es sabido que Schubert llevaba una vida muy estricta musicalmente, levantándose a las seis de la mañana y componiendo hasta el mediodía, solo así se podría explicar la cantidad enorme de obras a su haber en tan corto período de vida. En el 1818 ingresa en Zelesz como maestro de música de las hijas del conde Esterházy y se toca por primera vez en público abierto una de sus obras: la obertura al estilo italiano. 
1820: Ocurre algo importante, pues se presenta en la ópera de la Corte su comedia Los Gemelos. Esta obra fue muy criticada por su pobre libreto y prontamente retirada de cartelera. Acá se muestra a un Schubert de pésimas decisiones teatrales, relevando quizá una de sus más grandes falencias: la ópera. En el 1823 es nombrado miembro de honor por la Sociedad de la Música de la provincia de estira. En el 1827 muere su gran ídolo musical, Beethoven. Por esto Schubert decae de ánimo, pero también compone uno de sus ciclos de Lieder más importantes: Winterreise o Viaje Invernal. 
Por primera vez, en 1828, Schubert ofrece un concierto público en Viena con éxito total. Este sería su primer y último concierto. Su salud empeora y afectado por el tifus, cae en cama gravemente en la casa de su hermano Ferninand. El 19 de noviembre, a las tres de la tarde, muere en Viena. Es sepultado en el cementerio de Waehring, cerca de la tumba de Beethoven.



La música: aspectos sociales, aceptación, uso y función




Schubert fue un hombre muy alegre y querido por los círculos más cercanos de amigos que él formó. Era vastamente admirado por ellos y todos los miembros de sus schubertiadas, veladas que se llevaban al cabo en bares, tabernas y casas de artistas donde a veces Schubert traía obras recién compuestas para ser admiradas y tocadas. El barítono Johann Michael Vogl era, muchas veces, el que cantaba sus lieder, o quizá él mismo, habiendo tenido una preparación desde niño como cantante, Schubert cantaba y se acompañaba en el piano. Sus Ländler y melodías populares, como sus lieder se hicieron muy famosas en la ciudad, pero nunca trascendiendo los límites de Viena. Sin embargo, sus obras mayores, como las sinfonías, no vieron luz pública y quedaron mudas en los cajones donde se guardaban (muy repartidas, pues Schubert era conocido por dar los manuscritos originales, lo cual causó gran dificultad para enumerar y recolectar su obra, muchas de ellas aún perdidas) como fue el conocido caso de la Sinfonía en Do mayor, quizá una de las más importantes obras sinfónicas del músico vienés, cuyo descubrimiento se debe al mismo Robert Schumann, quien se dio el trabajo de revisar los manuscritos en la casa del hermano del compositor, Ferdinand Schubert, y cuya interpretación y dirección la llevó al cabo Félix Fendelssohn, estrenándola en la Gewandhaus de Leipzig. En el 1865 descubre Johann Herbeck, director de la orquesta de viena, en el domicilio de Anselm Hüttenbrenner, amigo de Schubert, la sinfonía en Si menor, conocida también como Incompleta o Inconclusa, obra que ve la luz del público 43 años después de ser compuesta por el autor, en 1822.
La música de Schubert tardó mucho en llegar a formar parte del repertorio, pues para la época, aquella música que no tenía el tono heroico de Beethoven ni tampoco el carácter extrovertido propio de las óperas de Gioacchino Rossini o de Vincenzo Bellini, cuyo estilo de virtuosismo vocal imperó en el gusto del público durante casi toda la primera mitad del siglo decimonónico, no lograba aceptación general. Es sabido que muchas veces los amigos de Schubert, quienes siempre estaban tratando de impulsar al gran compositor, enviaban a editores sus obras, uno de ellos quien respondió directamente que “ solo publicaba obras que sabía que iban a dar rentabilidad, que las obras nuevas y los riesgos lo tomen otros¨
La verdad es que Schubert no sabía pelear por su música como lo hacía Beethoven, quien obtenía condiciones más favorables mediante difíciles transacciones con editores y protegía sus derechos de autor. Es por ello probablemente que las obras en las grandes formas sinfónicas de Schubert permanecieron arrumbadas en gavetas durante decenios y otra parte simplemente se perdió.
Un punto importante a analizar en la obra de Schubert es el concepto de modernidad, según Hegel, la liberación de la subjetividad, rasgo definitorio por excelencia de los tiempos modernos y tiene una relevancia particular en la música, donde se conjuga la intensidad de la expresión del artista con la complejidad de la estructura. ¿ Tendrá Schubert lo que se necesita para ser moderno en su época? Quizá tenía más aun de lo que se esperaba un Goethe, con ideas muy cercanas a la ilustración, al raciocinio y las teorías Kantianas. De lo que Schubert goza es en realidad de un caudal sin freno de música que nace desde su subconsciente. Se contaba de él que apenas le bastaba leer un poema para prender una llama de composición, e incluso en tardes tenía listas las obras musicalizadas recién leídas. Este rasgo muy característico del “genio” romántico, cuya idealización está quizá aun vigente hasta nuestros días en el imaginario colectivo, no es del todo aplicable a todas las personas, pero sin duda sí es aplicable al Schubert romántico, cuyas melodías simplemente fluyen, nacen y mueren de un solo impulso creador. Y esto, creo yo firmemente, no tiene mucho, quizá nada que ver, con el raciocinio y ni mucho menos es objetivo. Schubert y su rey de los alisos no son precisamente objetivos, son evocativos, misteriosos, encierran un sinfín de interpretaciones y esta definición es, para mí, la que realmente le da el valor apropiado a su trabajo y también le da la calidad de obra de arte a su lied.
A pesar de las geniales capacidades del joven Schubert, este nunca encontró trabajos a su altura, habiendo sido rechazado en sus postulaciones de director de orquesta, instituciones importantes de la época, etc. Sin embargo, dice Pola Suarez Urtubey en su libro “Historia de la música”, : “A Schubert se le debe la consagración del Lied o canción como género predilecto del romanticismo. Tras siglos de existencia desde las canciones artísticas medievales, el Lied ingresa en una nueva etapa, fecundísima ahora, de su trayectoria, hacia la década de 1770, cuando adopta el carácter de canción para una sola voz con acompañamiento instrumental, especialmente pianístico. Esta forma poético-musical, que proviene de la antigua voz alemana Lied, aparece impregnada de una sensibilidad nacional. Es importante destacar que si bien Schubert no fue exactamente un compositor canónico en su época, sí marcó profundamente la historia de la música con su forma personalísima de componer. Schubert sin duda fue el primer compositor totalmente individual, totalmente Schubert. Ahora, casos como los de Schiller y Goethe, preferían la sencilla canción estrófica para acompañar sus versos y hablaban con cierto desdén de quienes “chapucean constantemente en el piano” para acompañar una canción. Esto nos puede indicar quizá el porqué Schubert no era del todo aceptado en la sociedad, y sobre todo, por Goethe. A pesar de que existe registro de que Goethe, al escuchar la composición schubertiana del Rey de los alisos, interpretada por Wilhelmine Schroeder-Devrient, una de las cantantes más admiradas de la época, se declaró muy satisfecho, sin recordar los envíos anteriores.
Antes que él, ya Beethoven había tratado de musicalizar el Erlkönig entre el 1809 y 1810, sin terminarlo jamás. Cabe destacar que Schubert admiraba enormemente a Beethoven, y siendo éste su legítimo heredero, muriendo un año después del maestro, compone Erlkönig en 1815. Sin duda la influencia de la tradición está vigente en Schubert, y sobre todo la de Beethoven, quien a su vez se remonta a los grandes clasicistas como Haydn y Mozart. La virtud de Schubert está quizá en crear a la manera tan personal como lo hacía Beethoven, este último siendo apocalíptico para sus obras, moderno no en el sentido de moda sino con miras a la posteridad, creando obras como la Gran Fuga que eran imposible de comprender por sus contemporáneos, y Schubert un compositor que vaciaba su vida y su alma en la música, quien no encontraba otro objetivo en la vida más que componer. Su música es Schubert y desde las páginas de sus partituras nos habla de su vida, de su sentir ante la época y sus entornos, es un verdadero diario emocional que muy pocos de su época tuvieron la sensatez de reconocer. Beethoven reconoció en este joven su tremendo talento, citando la célebre frase: “Realmente en Schubert encontramos una chispa divina”. 

Erlkönig


Erlkönig de Moritz von Schwind, gran amigo de Franz Schubert.
Wer reitet so spät durch Nacht und Wind?

Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er hat den Knaben wohl in dem Arm,
Er faßt ihn sicher, er hält ihn warm.

Erlkönig, una de las obras maestras de Schubert, es una balada, género poético de carácter lírico-épico que relata generalmente de un modo más o menos dramático una acción, un hecho generalmente trágico y con frecuencia de carácter misterioso. Alrededor del siglo XIII, la balada adquiere con Herder, Goethe y Schiller el carácter de narración poética de acontecimientos legendarios, o de fondo histórico, pero transfigurado por un misterioso y, a menudo espectral, fatalismo. Al mismo tiempo se convierte en especie predilecta de los compositores de Lieder, con Rudolf Zumsteeg y Carl Loewe a la cabeza. Schubert compuso varias baladas, especialmente en el período de 1813 a 1816, al cual pertenece esta obra Erlkönig.
Compuesta en 1815, narra el trágico viaje de un padre a caballo con su hijo enfermo a cuestas. El hijo, moribundo, comienza a alucinar, diciéndole al padre que el Rey de los alisos (elemento misterioso o legendario) lo viene a buscar, que le promete muchas cosas y que si no le hace caso usaría la violencia para llevárselo. El padre responde a esto muchas veces de manera elusiva, tratando de convencer al niño que es simplemente su imaginación. Al final de la balada, el padre llega a su objetivo, pero el niño había muerto.
Basándose en la trama, Schubert descubre magistralmente en la música los diferentes personajes del poema: el narrador, el padre, el hijo y el rey de los alisos. Este detalle convierte a este Lied en una obra de mucha exigencia tanto vocal y musical (porque los registros se mueven desde lo más grave hasta lo más agudo, para el niño, y el registro medio para el rey de los alisos) como teatral, pues el cantante tendrá que hacernos ver y sentir los diferentes estados emocionales de cada uno de los personajes. Schubert también esboza magistralmente, a través de modulaciones o cambios de modo muy típicos en su música, el ambiente que recrea cada personaje en su lied. Por ejemplo, lo que dice el niño es agudo y tormentoso, como un alarido, mientras que las promesas de un rey de los alisos esquivo, tramposo y engañoso, está en una tonalidad mayor muy juguetona, extremadamente contrastante con el ambiente musical del padre y sobre todo del hijo. Este tipo de narración musical está presente también en el Erlkönig de Beethoven, pero no en el de Zelter, curiosamente el compositor que Goethe apadrinaba para sus baladas. El carácter de la música compuesta por Zelter para esta obra es mucho más jocosa, comenzando por que está compuesta en modo mayor, siguiendo la métrica propuesta por Goethe, su obra es mucho menos dramática y expresiva, más bien es un poco juguetona e inocente.  Cabe destacar las diferentes versiones como la de el compositor Carl Loewe, cuya musicalización es mucho más dramática y se parece bastante a la idea principal de Schubert, que es hacer una diferencia principalmente entre la desesperación del niño, la calma del padre y las promesas dudosas del rey de los bosques. La versión de Louis Spohr sigue la misma idea general, el contraste de los narradores, aunque nunca tan bien logrado ni tan obvio como el Erlkönig de Schubert, que contrasta con la versión de Louis Spohr principalmente en la fluidez melódica de Schubert para todos los personajes, mientras que Spohr detiene la música, la fragmenta y la separa en sus diferentes narradores. Finalmente la versión de J. F. Reichardt, compositor amigo de Goethe, es una mezcla entre todas las otras, quizá muy similar a la de Zelter pero en tono menor, levemente más dramática y extremadamente corta, alrededor de un minuto y medio. Creo que es importante escuchar las diferentes versiones para darse una idea general de cómo y qué manera Schubert tenía una forma tan personal de componer, pues en mi opinión, siento que es el lied mejor logrado sobre esta balada, porque combina con un balance casi increíble, el elemento dramático, el elemento de misterio y lo teatral de la balada, con la música que va de la mano, con esos tresillos de octavas en el piano (¡muy exigentes cansadores por cierto!) que nos evocan desde el comienzo un carácter de urgencia y a un caballo galopando a toda velocidad. La primera frase que se canta, “wer reitet so spät durch Nacht und Wind” evoca realmente, con sus intervalos ascendentes, una noche tormentosa y el viento soplando, con el acompañamiento galopando sobre las melodías. 
Pienso que Schubert evoca básicamente tres ideales importantes del romanticismo en su obra: La naturaleza, el misticismo y la tormenta personal. 
En base a la idea del bosque, ya no como una entidad benevolente como en el imaginario de los clásicos, donde se ve a Beethoven en el pasto y el campo componiendo su Sexta Sinfonía, donde se iba (el artista) a buscar inspiración, Schubert elabora un discurso musical y poético, y proyecta todo el vuelo del subconsciente sobre el ideal de la naturaleza exuberante y misteriosa, llena de rayos, truenos y turbulencias más cercanas al subconsciente de Freud y describiendo un bosque (o el ideal de la naturaleza) más cercano al que conoce Schoenberg con su Noche transfigurada, de ese post-romántico más tenebroso y desquiciante, nihilista como las teorías de Schopenhaure y Nietzche, Schubert descubre en esta balada un bosque quizá ajeno a su época, una naturaleza visionaria, más propia de lo que vendría que de lo que él mismo vivía como hombre de la sociedad vienesa. Sin embargo no deja de ser fiel a su propia tormenta personal y a su visión íntima de la música, mucho más ligada al futuro que a su pasado racional y Kantiano.
El misticismo muy característico del romántico y principalmente del género poético como la balada, es representado claramente a través del Rey de los Alisos, esta idea de la divinidad y la muerte personificada y mezclada, esta ambigüedad musical donde el que escucha no puede saber con certeza si esa dulce atmósfera musical es verdadera, si realmente el niño al morir irá a un lugar mejor, o será consumido por el oscuro bosque, con su rey que promete cosas que sabe que no cumplirá con el único fin de convencerlo. Aquí Schubert, y Goethe por lo demás, nos muestran un punto crítico en la obra de arte, donde se plantea artísticamente la dicotomía del sentir humano acerca de los Dioses o la divinidad como tal, esta entidad que no se puede desligar de lo humano, puesto que todos nacemos sabiendo que moriremos algún día, y nos preguntamos: ¿será bueno aceptar las promesas del rey del bosque o es mejor pelear contra su voluntad y que éste se torne agresivo y tormentoso?
Esta confusión o descontento también la podemos observar en el poema de Goethe “Prometheus” (Obra musicalizada por Schubert y también por Hugo Wolff. Es interesante observar las diferencias musicales entre ambas obras, que por lo demás son muy acertadas ambas en mi opinión.), quien aclama y reniega ante sus Dioses, diciendo que todo lo que él había logrado en la tierra era mérito propio, y se preguntaba dónde estaban los Dioses para ayudarlo realmente. Creo que este aspecto por sí solo podría ser materia de un profundo análisis pero dado a la extensión y enfoque de este trabajo dejaré hasta allí la idea.
Por último, creo que en Schubert se manifiesta también el ideal Wagneriano el Liebestod, tan famoso desde Tristán e Isolda, porque a través de su obra, y en específico en esta, crea una tormenta personal (en este caso el padre) que lucha contra lo que sabe en el fondo que es inevitable: la muerte. El Liebestod o amor a través de la muerte, es consumar el hecho amatorio y llevarlo a un nivel tan sublime que es imposible de llevar al cabo en vida, solo se puede demostrar amor muriendo por ello. De esta manera Schubert extiende su discurso musical sobre algo que sabe que es imposible, quizá gracias al trauma infantil de su padre, quizá por otras cosas. 
Ahora bien, la lucha del niño por su vida, contra esta entidad que se muestra ambigua, también representa la lucha de Schubert contra lo inevitable. Es imposible no pensar que esta obra especialmente bien lograda no haya causado un tremendo impacto en él, resonado en lo más profundo de su corazón a través de todas estas sutiles temáticas que en el fondo Schubert siempre fue sensible a ellas, dado su condición musical y emocional. Es por eso que Goethe quizá no se mostró dadivoso en sus elogios (pues es muy probable que ni siquiera hubiesen habido algunos) ante su obra, magnífico ejemplo de lo que vendría. Es Schubert un visionario en tantos sentidos y a la vez tan íntimo y personal, que todas estas características lo colocan como uno de los grandes genios de la humanidad.



Conclusiones



¿Fue realmente acertado Schubert en su Erlkönig? ¿Es fiel el texto (la creación misma) a la manera de sentir y actuar en el contexto histórico de su vida? A su manera, sí. Quizá fue un re-creador de la obra poética, añadiendo tanto valor a la obra que renace nuevamente, como si la música y la poesía fueran solo Schubert. Era el hombre capaz de transformar y absorber la esencia de la obra literaria, que por momentos no podemos distinguir donde comienza Goethe, y termina Schubert. La poesía transformada en música, la música parida de la poesía, todo eso es Schubert y más. Schubert es melodía, es poesía, eso y más es Schubert.



Bibliografía




Fuentes de Internet:

http://wikipedia.com 
Unidad No. 1a, Metodología. Pdf de clases.




Libros:

Goethe y la música
Artículo de Johannes Franze
Ed. Ars

Sobre el Arte
Karl Marx, Frederich Engels
Ed. Claridad

Las más grandes obras musicales de todos los tiempos: Schubert
Ed. Ercilla.

La música del hombre,
Yehudi Menuhin y Curtis W. Davis
Ed. Fondo Educativo Interamericano, S. A

Historia de la música
Pola Suarez Urtubey, 
Ed. Claridad.