domingo, 11 de mayo de 2014

Franz Schubert y la obra de Goethe: Erlkönig, una visión del texto a través del contexto

Ensayo



Franz Schubert y la obra de Goethe: Erlkönig, una visión del texto a través del contexto



UNIVERSIDAD DE CHILE 
FACULTAD DE ARTES 
DEPARTAMENTO DE MÚSICA 

CURSO HISTORIA DE LA MÚSICA

Por Zoran Vranjican
Profesor guía: Prof. Doc. Luis Merino Montero





Hombre= al pequeño burgués alemán

Friedrich Engels en una carta a Karl Marx acerca de Goethe, 
15 de enero del 1847







Introducción



Es fácil imaginar a una persona como Franz Schubert, prolífico compositor de Lieder, acercándose a los textos de Johann Wolfgang von Goethe. Es más, sería impensable que una de las más grandes figuras literarias de Alemania, allá por el siglo XVIII, haya dejado indiferente a este visionario de la música, cuyas canciones se ha dicho que son una perfecta amalgama entre texto y música. Pero, la verdadera discusión se genera en realidad cuando nos hacemos una serie de preguntas que nos podrían guiar en este amplio panorama; ¿Qué opinión tenía Goethe acerca de los trabajos de Schubert sobre sus poemas? Para esto me abocaré completamente, aunque no única ni estrictamente, a la balada del Erlkönig, o el Rey de los Alisos, compuesta probablemente en Octubre del 1815, durante uno de los períodos más activos como compositor para Schubert.
¿Qué razones tendría Goethe para generar juicios, y en que medida éstos son válidos poética y musicalmente hablando, sobre su poesía transformada en una canción? 
Las opiniones de los diferentes personajes importantes de la época es clave para tener una visión más exacta acerca de esta importante discusión, y también quizá, para llegar a comprender un poco más las razones por las que el propio Schubert convertiría esta balada en un emblema musical, tanto por su belleza y lirismo, como también por la acertada evocación de los diferentes personajes, y también por sus exigencias técnicas y teatrales. 

Es importante recalcar que la manera de abordar una obra como Erlkönig tiene varias facetas que deben ser incluidas en el análisis (y que no enumero acá porque resultarán obvias más adelante), y cuya unión crearán lo así llamado contexto. En resumidas cuentas: una visión del texto poético de Goethe, enfocado desde el contexto social, literario y musical, sus múltiples interpretaciones y por último la perspectiva desde lo poiético a lo estético, de la creación al resultado o múltiples resultados, punto que creo es determinante y quizá el más relevante de todo este trabajo, porque resume básicamente la siguiente pregunta: ¿qué límites tiene una obra de arte para ser interpretada y/o reinterpretada?




Schubert y Goethe



A pesar de que Schubert y Goethe nunca se conocieron, es cierto que Goethe sí escuchó algunos trabajos de Schubert sobre sus poesías, y en específico, el rey de los alisos, lied. Se sabe que en la casa natal de Goethe, situada en la calle Hirschgraben del antiguo Frankfurt am Main y donde nació en 1749, poseía un cuarto especial dedicado a la música. Su padre tocaba el laúd y su madre el piano. Hay testimonios que aseguran que Goethe sabía bien tocar el piano y que fue capaz de leer música sin dificultad alguna.
Por tanto nos incumbe la pregunta: ¿Qué es lo que opinaba el maestro de las letras sobre la música creada por Schubert?
Hoy en día el trabajo del compositor es aclamadísimo y muy importante, de gran calidad melódica y se dice también que Schubert es capaz de penetrar en la poesía hasta lo más esencial y crear desde ese punto una amalgama de música y letra.
Pero no obstante, Goethe no tenía la inclinación hacia su trabajo como podríamos esperarlo. Es más, era aconsejado y él admiraba a otros compositores, entre ellos a Carl Friedrich Zelter, en cuyas manos puso oficialmente la labor de la musicalización de sus obras.
La visión de Goethe sobre la música era contradictoria, pues si bien existen testimonios  de un Goethe aclamando a la música como el arte más sincero y sublime, “la dignidad del arte aparece en la música acaso en su aspecto más eminente, porque ella no tiene materia. Así es enteramente tanto forma como contenido y logra elevar y ennoblecer todo lo que expresa”, como también se refiere a las obras cantadas, vale decir el lied, como una pieza subyugada por el texto. Es decir, respetando todas las métricas y la música que el propio Goethe componía con sus versos, y poniendo la música en segundo plano, apoyando esta idea pero nunca transgrediéndola, nunca creando nuevas cosas a partir de la evocación o el subconsciente. Goethe era un esteta, preocupado por las pequeñas cosas y muy a menudo, como lo dice Friedrich Engels en una carta a Karl Marx: “ este libro (Albertine von Grün: Ein Frauenleben im Umkreis des jungen Goethe - Briefe, Biographien, Würdigung) es una brillante demostración de que el hombre (Goethe)= al pequeño burgués alemán.”, un burgués preocupado de lo racional y lo funcional. Es por eso que no sería una gran sorpresa que Goethe no haya apreciado las obras de Schubert, con todo ese ímpetu del romántico, despertando las más negras pesadillas de los bosques y su rey, contra la visión Goethiana más ordenada y lógica, donde la alusión a la naturaleza es de carácter más leve, popular, y no cobra esa preponderancia como la que tiene el Lied de Schubert.
Por su parte, Schubert es un hombre tímido y plenamente romántico. Es natural en él dejarse guiar por la intuición y no la razón, pues por esto se ha ganado, bien merecido, la asociación a la melodía; Schubert es melodía. Él mismo decía que cuando quería cantar sobre el amor salía el dolor y cuando quería cantar de dolor salía lo contrario, el amor. Esto nos deja una evidencia de cómo Schubert veía la obra de arte propia, como le sería quizá imposible haber llevado al cabo el trabajo de Zelter para Goethe o haberle dado en el gusto al poeta alemán. A pesar de esto, era al mismo Goethe a quien Schubert admiraba más. Schubert se extasiaba con la pureza y elegancia del estilo del célebre poeta alemán. Se dice que el mismo Schubert, a través de su gran amigo Josef von Spaun, envió a Goethe uno de sus cuadernos con sus poesías musicalizadas, entre los cuales estaba el Rey de los Alisos, una de sus canciones más celebres. Sin embargo Goethe no atendió a este asunto y no respondió a la carta enviada por el amigo Spaun, ni a la dedicatoria de Schubert en su música. Algunos biógrafos de Schubert comentan al respecto que: “ Goethe estaba tan identificado con el mundo musical y expresivo de Zelter y Reichard (otro de sus más grandes colaboradores, cuyas diferencias en algún tiempo los distanciaron pero luego volvieron a trabajar juntos), completamente distintos en su aspecto formal, que muy bien puede haberle sido imposible acercarse a la lírica de nuestro gran romántico.
A pesar de esto, Schubert no se detuvo y compuso alrededor de ochenta temas sobre las obras de Goethe.



Schubert



El aspecto excepcional de Schubert es el hecho de que constituye uno de esos hitos aparentemente inevitables en la evolución del hombre hacia su propia realización: era la suya una conciencia que rendía cuentas ante sí misma y no ante los poderes externos. La voz de Schubert se convierte repentinamente en la voz de cada ser humano.
Nace en Viena el 31 de enero del 1797. Su padre era un maestro de escuela y su madre trabajó como cocinera en la capital austríaca. De catorce hermanos, el era el penúltimo. 
Schubert aprende las primeras notas musicales de su propio padre, quien le enseña a tocar el violín. Luego Michael Holzer le enseñaría armonía y a cantar.
En la iglesia de Lichtenthal ejerce como violinista y soprano, bajo la tutela de Holzer. Luego en 1808, con 11 años, entra en el Convictorio Municipal de Viena como niño cantor de la Corte. Allí escribe sus primeras obras: pequeños cuartetos, piezas para piano y algunos lieder.
En 1811 se pelea con su padre, quien le prohíbe la entrada en la casa paterna, pues no está de acuerdo con la vocación musical de su hijo. Este hecho marca profundamente y de manera permanente al joven Schubert, quien hasta los años de su muerte sufre por el trauma causado gracias al rechazo paterno.
En 1812 muere su madre y logra cierta reconciliación con su padre, es el año también cuando comienza a estudiar contrapunto con Antonio Salieri. Sin embargo, su voz cambia y eso provoca la separación del coro de niños donde él cantaba como soprano. Dos años posteriormente escribe su primer lied importante: Margarita en la rueca, con textos de Goethe. Ese mismo año comienza a ejercer de maestro ayudante en la escuela de su padre, y también se presenta su primera Misa, en la cual canta uno de sus primeros y grandes amores: la soprano Therese Grob. Schubert aclama que Therese era la mujer que más había amado, que no era hermosa pero era perfecta para él. 
En el 1815 termina la segunda sinfonía y compone más de cien lieder con textos de Schiller, Matthison, Goethe y otros. Entre ellos destaca la obra tratada acá: El rey de los alisos. En el 1817 deja la escuela de su padre para dedicarse completamente a la vocación de músico. Es sabido que Schubert llevaba una vida muy estricta musicalmente, levantándose a las seis de la mañana y componiendo hasta el mediodía, solo así se podría explicar la cantidad enorme de obras a su haber en tan corto período de vida. En el 1818 ingresa en Zelesz como maestro de música de las hijas del conde Esterházy y se toca por primera vez en público abierto una de sus obras: la obertura al estilo italiano. 
1820: Ocurre algo importante, pues se presenta en la ópera de la Corte su comedia Los Gemelos. Esta obra fue muy criticada por su pobre libreto y prontamente retirada de cartelera. Acá se muestra a un Schubert de pésimas decisiones teatrales, relevando quizá una de sus más grandes falencias: la ópera. En el 1823 es nombrado miembro de honor por la Sociedad de la Música de la provincia de estira. En el 1827 muere su gran ídolo musical, Beethoven. Por esto Schubert decae de ánimo, pero también compone uno de sus ciclos de Lieder más importantes: Winterreise o Viaje Invernal. 
Por primera vez, en 1828, Schubert ofrece un concierto público en Viena con éxito total. Este sería su primer y último concierto. Su salud empeora y afectado por el tifus, cae en cama gravemente en la casa de su hermano Ferninand. El 19 de noviembre, a las tres de la tarde, muere en Viena. Es sepultado en el cementerio de Waehring, cerca de la tumba de Beethoven.



La música: aspectos sociales, aceptación, uso y función




Schubert fue un hombre muy alegre y querido por los círculos más cercanos de amigos que él formó. Era vastamente admirado por ellos y todos los miembros de sus schubertiadas, veladas que se llevaban al cabo en bares, tabernas y casas de artistas donde a veces Schubert traía obras recién compuestas para ser admiradas y tocadas. El barítono Johann Michael Vogl era, muchas veces, el que cantaba sus lieder, o quizá él mismo, habiendo tenido una preparación desde niño como cantante, Schubert cantaba y se acompañaba en el piano. Sus Ländler y melodías populares, como sus lieder se hicieron muy famosas en la ciudad, pero nunca trascendiendo los límites de Viena. Sin embargo, sus obras mayores, como las sinfonías, no vieron luz pública y quedaron mudas en los cajones donde se guardaban (muy repartidas, pues Schubert era conocido por dar los manuscritos originales, lo cual causó gran dificultad para enumerar y recolectar su obra, muchas de ellas aún perdidas) como fue el conocido caso de la Sinfonía en Do mayor, quizá una de las más importantes obras sinfónicas del músico vienés, cuyo descubrimiento se debe al mismo Robert Schumann, quien se dio el trabajo de revisar los manuscritos en la casa del hermano del compositor, Ferdinand Schubert, y cuya interpretación y dirección la llevó al cabo Félix Fendelssohn, estrenándola en la Gewandhaus de Leipzig. En el 1865 descubre Johann Herbeck, director de la orquesta de viena, en el domicilio de Anselm Hüttenbrenner, amigo de Schubert, la sinfonía en Si menor, conocida también como Incompleta o Inconclusa, obra que ve la luz del público 43 años después de ser compuesta por el autor, en 1822.
La música de Schubert tardó mucho en llegar a formar parte del repertorio, pues para la época, aquella música que no tenía el tono heroico de Beethoven ni tampoco el carácter extrovertido propio de las óperas de Gioacchino Rossini o de Vincenzo Bellini, cuyo estilo de virtuosismo vocal imperó en el gusto del público durante casi toda la primera mitad del siglo decimonónico, no lograba aceptación general. Es sabido que muchas veces los amigos de Schubert, quienes siempre estaban tratando de impulsar al gran compositor, enviaban a editores sus obras, uno de ellos quien respondió directamente que “ solo publicaba obras que sabía que iban a dar rentabilidad, que las obras nuevas y los riesgos lo tomen otros¨
La verdad es que Schubert no sabía pelear por su música como lo hacía Beethoven, quien obtenía condiciones más favorables mediante difíciles transacciones con editores y protegía sus derechos de autor. Es por ello probablemente que las obras en las grandes formas sinfónicas de Schubert permanecieron arrumbadas en gavetas durante decenios y otra parte simplemente se perdió.
Un punto importante a analizar en la obra de Schubert es el concepto de modernidad, según Hegel, la liberación de la subjetividad, rasgo definitorio por excelencia de los tiempos modernos y tiene una relevancia particular en la música, donde se conjuga la intensidad de la expresión del artista con la complejidad de la estructura. ¿ Tendrá Schubert lo que se necesita para ser moderno en su época? Quizá tenía más aun de lo que se esperaba un Goethe, con ideas muy cercanas a la ilustración, al raciocinio y las teorías Kantianas. De lo que Schubert goza es en realidad de un caudal sin freno de música que nace desde su subconsciente. Se contaba de él que apenas le bastaba leer un poema para prender una llama de composición, e incluso en tardes tenía listas las obras musicalizadas recién leídas. Este rasgo muy característico del “genio” romántico, cuya idealización está quizá aun vigente hasta nuestros días en el imaginario colectivo, no es del todo aplicable a todas las personas, pero sin duda sí es aplicable al Schubert romántico, cuyas melodías simplemente fluyen, nacen y mueren de un solo impulso creador. Y esto, creo yo firmemente, no tiene mucho, quizá nada que ver, con el raciocinio y ni mucho menos es objetivo. Schubert y su rey de los alisos no son precisamente objetivos, son evocativos, misteriosos, encierran un sinfín de interpretaciones y esta definición es, para mí, la que realmente le da el valor apropiado a su trabajo y también le da la calidad de obra de arte a su lied.
A pesar de las geniales capacidades del joven Schubert, este nunca encontró trabajos a su altura, habiendo sido rechazado en sus postulaciones de director de orquesta, instituciones importantes de la época, etc. Sin embargo, dice Pola Suarez Urtubey en su libro “Historia de la música”, : “A Schubert se le debe la consagración del Lied o canción como género predilecto del romanticismo. Tras siglos de existencia desde las canciones artísticas medievales, el Lied ingresa en una nueva etapa, fecundísima ahora, de su trayectoria, hacia la década de 1770, cuando adopta el carácter de canción para una sola voz con acompañamiento instrumental, especialmente pianístico. Esta forma poético-musical, que proviene de la antigua voz alemana Lied, aparece impregnada de una sensibilidad nacional. Es importante destacar que si bien Schubert no fue exactamente un compositor canónico en su época, sí marcó profundamente la historia de la música con su forma personalísima de componer. Schubert sin duda fue el primer compositor totalmente individual, totalmente Schubert. Ahora, casos como los de Schiller y Goethe, preferían la sencilla canción estrófica para acompañar sus versos y hablaban con cierto desdén de quienes “chapucean constantemente en el piano” para acompañar una canción. Esto nos puede indicar quizá el porqué Schubert no era del todo aceptado en la sociedad, y sobre todo, por Goethe. A pesar de que existe registro de que Goethe, al escuchar la composición schubertiana del Rey de los alisos, interpretada por Wilhelmine Schroeder-Devrient, una de las cantantes más admiradas de la época, se declaró muy satisfecho, sin recordar los envíos anteriores.
Antes que él, ya Beethoven había tratado de musicalizar el Erlkönig entre el 1809 y 1810, sin terminarlo jamás. Cabe destacar que Schubert admiraba enormemente a Beethoven, y siendo éste su legítimo heredero, muriendo un año después del maestro, compone Erlkönig en 1815. Sin duda la influencia de la tradición está vigente en Schubert, y sobre todo la de Beethoven, quien a su vez se remonta a los grandes clasicistas como Haydn y Mozart. La virtud de Schubert está quizá en crear a la manera tan personal como lo hacía Beethoven, este último siendo apocalíptico para sus obras, moderno no en el sentido de moda sino con miras a la posteridad, creando obras como la Gran Fuga que eran imposible de comprender por sus contemporáneos, y Schubert un compositor que vaciaba su vida y su alma en la música, quien no encontraba otro objetivo en la vida más que componer. Su música es Schubert y desde las páginas de sus partituras nos habla de su vida, de su sentir ante la época y sus entornos, es un verdadero diario emocional que muy pocos de su época tuvieron la sensatez de reconocer. Beethoven reconoció en este joven su tremendo talento, citando la célebre frase: “Realmente en Schubert encontramos una chispa divina”. 

Erlkönig


Erlkönig de Moritz von Schwind, gran amigo de Franz Schubert.
Wer reitet so spät durch Nacht und Wind?

Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er hat den Knaben wohl in dem Arm,
Er faßt ihn sicher, er hält ihn warm.

Erlkönig, una de las obras maestras de Schubert, es una balada, género poético de carácter lírico-épico que relata generalmente de un modo más o menos dramático una acción, un hecho generalmente trágico y con frecuencia de carácter misterioso. Alrededor del siglo XIII, la balada adquiere con Herder, Goethe y Schiller el carácter de narración poética de acontecimientos legendarios, o de fondo histórico, pero transfigurado por un misterioso y, a menudo espectral, fatalismo. Al mismo tiempo se convierte en especie predilecta de los compositores de Lieder, con Rudolf Zumsteeg y Carl Loewe a la cabeza. Schubert compuso varias baladas, especialmente en el período de 1813 a 1816, al cual pertenece esta obra Erlkönig.
Compuesta en 1815, narra el trágico viaje de un padre a caballo con su hijo enfermo a cuestas. El hijo, moribundo, comienza a alucinar, diciéndole al padre que el Rey de los alisos (elemento misterioso o legendario) lo viene a buscar, que le promete muchas cosas y que si no le hace caso usaría la violencia para llevárselo. El padre responde a esto muchas veces de manera elusiva, tratando de convencer al niño que es simplemente su imaginación. Al final de la balada, el padre llega a su objetivo, pero el niño había muerto.
Basándose en la trama, Schubert descubre magistralmente en la música los diferentes personajes del poema: el narrador, el padre, el hijo y el rey de los alisos. Este detalle convierte a este Lied en una obra de mucha exigencia tanto vocal y musical (porque los registros se mueven desde lo más grave hasta lo más agudo, para el niño, y el registro medio para el rey de los alisos) como teatral, pues el cantante tendrá que hacernos ver y sentir los diferentes estados emocionales de cada uno de los personajes. Schubert también esboza magistralmente, a través de modulaciones o cambios de modo muy típicos en su música, el ambiente que recrea cada personaje en su lied. Por ejemplo, lo que dice el niño es agudo y tormentoso, como un alarido, mientras que las promesas de un rey de los alisos esquivo, tramposo y engañoso, está en una tonalidad mayor muy juguetona, extremadamente contrastante con el ambiente musical del padre y sobre todo del hijo. Este tipo de narración musical está presente también en el Erlkönig de Beethoven, pero no en el de Zelter, curiosamente el compositor que Goethe apadrinaba para sus baladas. El carácter de la música compuesta por Zelter para esta obra es mucho más jocosa, comenzando por que está compuesta en modo mayor, siguiendo la métrica propuesta por Goethe, su obra es mucho menos dramática y expresiva, más bien es un poco juguetona e inocente.  Cabe destacar las diferentes versiones como la de el compositor Carl Loewe, cuya musicalización es mucho más dramática y se parece bastante a la idea principal de Schubert, que es hacer una diferencia principalmente entre la desesperación del niño, la calma del padre y las promesas dudosas del rey de los bosques. La versión de Louis Spohr sigue la misma idea general, el contraste de los narradores, aunque nunca tan bien logrado ni tan obvio como el Erlkönig de Schubert, que contrasta con la versión de Louis Spohr principalmente en la fluidez melódica de Schubert para todos los personajes, mientras que Spohr detiene la música, la fragmenta y la separa en sus diferentes narradores. Finalmente la versión de J. F. Reichardt, compositor amigo de Goethe, es una mezcla entre todas las otras, quizá muy similar a la de Zelter pero en tono menor, levemente más dramática y extremadamente corta, alrededor de un minuto y medio. Creo que es importante escuchar las diferentes versiones para darse una idea general de cómo y qué manera Schubert tenía una forma tan personal de componer, pues en mi opinión, siento que es el lied mejor logrado sobre esta balada, porque combina con un balance casi increíble, el elemento dramático, el elemento de misterio y lo teatral de la balada, con la música que va de la mano, con esos tresillos de octavas en el piano (¡muy exigentes cansadores por cierto!) que nos evocan desde el comienzo un carácter de urgencia y a un caballo galopando a toda velocidad. La primera frase que se canta, “wer reitet so spät durch Nacht und Wind” evoca realmente, con sus intervalos ascendentes, una noche tormentosa y el viento soplando, con el acompañamiento galopando sobre las melodías. 
Pienso que Schubert evoca básicamente tres ideales importantes del romanticismo en su obra: La naturaleza, el misticismo y la tormenta personal. 
En base a la idea del bosque, ya no como una entidad benevolente como en el imaginario de los clásicos, donde se ve a Beethoven en el pasto y el campo componiendo su Sexta Sinfonía, donde se iba (el artista) a buscar inspiración, Schubert elabora un discurso musical y poético, y proyecta todo el vuelo del subconsciente sobre el ideal de la naturaleza exuberante y misteriosa, llena de rayos, truenos y turbulencias más cercanas al subconsciente de Freud y describiendo un bosque (o el ideal de la naturaleza) más cercano al que conoce Schoenberg con su Noche transfigurada, de ese post-romántico más tenebroso y desquiciante, nihilista como las teorías de Schopenhaure y Nietzche, Schubert descubre en esta balada un bosque quizá ajeno a su época, una naturaleza visionaria, más propia de lo que vendría que de lo que él mismo vivía como hombre de la sociedad vienesa. Sin embargo no deja de ser fiel a su propia tormenta personal y a su visión íntima de la música, mucho más ligada al futuro que a su pasado racional y Kantiano.
El misticismo muy característico del romántico y principalmente del género poético como la balada, es representado claramente a través del Rey de los Alisos, esta idea de la divinidad y la muerte personificada y mezclada, esta ambigüedad musical donde el que escucha no puede saber con certeza si esa dulce atmósfera musical es verdadera, si realmente el niño al morir irá a un lugar mejor, o será consumido por el oscuro bosque, con su rey que promete cosas que sabe que no cumplirá con el único fin de convencerlo. Aquí Schubert, y Goethe por lo demás, nos muestran un punto crítico en la obra de arte, donde se plantea artísticamente la dicotomía del sentir humano acerca de los Dioses o la divinidad como tal, esta entidad que no se puede desligar de lo humano, puesto que todos nacemos sabiendo que moriremos algún día, y nos preguntamos: ¿será bueno aceptar las promesas del rey del bosque o es mejor pelear contra su voluntad y que éste se torne agresivo y tormentoso?
Esta confusión o descontento también la podemos observar en el poema de Goethe “Prometheus” (Obra musicalizada por Schubert y también por Hugo Wolff. Es interesante observar las diferencias musicales entre ambas obras, que por lo demás son muy acertadas ambas en mi opinión.), quien aclama y reniega ante sus Dioses, diciendo que todo lo que él había logrado en la tierra era mérito propio, y se preguntaba dónde estaban los Dioses para ayudarlo realmente. Creo que este aspecto por sí solo podría ser materia de un profundo análisis pero dado a la extensión y enfoque de este trabajo dejaré hasta allí la idea.
Por último, creo que en Schubert se manifiesta también el ideal Wagneriano el Liebestod, tan famoso desde Tristán e Isolda, porque a través de su obra, y en específico en esta, crea una tormenta personal (en este caso el padre) que lucha contra lo que sabe en el fondo que es inevitable: la muerte. El Liebestod o amor a través de la muerte, es consumar el hecho amatorio y llevarlo a un nivel tan sublime que es imposible de llevar al cabo en vida, solo se puede demostrar amor muriendo por ello. De esta manera Schubert extiende su discurso musical sobre algo que sabe que es imposible, quizá gracias al trauma infantil de su padre, quizá por otras cosas. 
Ahora bien, la lucha del niño por su vida, contra esta entidad que se muestra ambigua, también representa la lucha de Schubert contra lo inevitable. Es imposible no pensar que esta obra especialmente bien lograda no haya causado un tremendo impacto en él, resonado en lo más profundo de su corazón a través de todas estas sutiles temáticas que en el fondo Schubert siempre fue sensible a ellas, dado su condición musical y emocional. Es por eso que Goethe quizá no se mostró dadivoso en sus elogios (pues es muy probable que ni siquiera hubiesen habido algunos) ante su obra, magnífico ejemplo de lo que vendría. Es Schubert un visionario en tantos sentidos y a la vez tan íntimo y personal, que todas estas características lo colocan como uno de los grandes genios de la humanidad.



Conclusiones



¿Fue realmente acertado Schubert en su Erlkönig? ¿Es fiel el texto (la creación misma) a la manera de sentir y actuar en el contexto histórico de su vida? A su manera, sí. Quizá fue un re-creador de la obra poética, añadiendo tanto valor a la obra que renace nuevamente, como si la música y la poesía fueran solo Schubert. Era el hombre capaz de transformar y absorber la esencia de la obra literaria, que por momentos no podemos distinguir donde comienza Goethe, y termina Schubert. La poesía transformada en música, la música parida de la poesía, todo eso es Schubert y más. Schubert es melodía, es poesía, eso y más es Schubert.



Bibliografía




Fuentes de Internet:

http://wikipedia.com 
Unidad No. 1a, Metodología. Pdf de clases.




Libros:

Goethe y la música
Artículo de Johannes Franze
Ed. Ars

Sobre el Arte
Karl Marx, Frederich Engels
Ed. Claridad

Las más grandes obras musicales de todos los tiempos: Schubert
Ed. Ercilla.

La música del hombre,
Yehudi Menuhin y Curtis W. Davis
Ed. Fondo Educativo Interamericano, S. A

Historia de la música
Pola Suarez Urtubey, 
Ed. Claridad.



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