domingo, 14 de febrero de 2010

Leyla.


- El sueño de la razón produce monstruos.

F.Goya

Todo comenzó al escuchar tu voz, Frankie. Esa primera vez que me dijiste hola y quedé buscándote por doquier, tu voz como el preludio de lo que soy ahora; (quién sabe qué…) Aún no sé porque no puedo verte. ¿Dices que sería irrelevante? Irrelevante sería hacer caso omiso a tus parloteadas nocturnas, aquellas que no me dejan conciliar el sueño. Leyla dice que no duermo bien. (¡Qué se yo de dormir y que sabe ella de…! ) Ella dice que me observa de noche y hablo (conmigo) solo y se asusta al ver mis ojos abiertos de par en par, viendo directo hacia el vacío (techo querrás decir, techo). La verdad, que se yo de esas andanzas y que sabe Leyla de dormir… Le molesta hasta el ruidito de los insectos a media noche( ¡esta loca!) y le molesta mi fuerte respirar cuando me ataca la alergia (¡loca!), muy seguido. El doctor me dice que no tengo remedio ( está loco también), me dice que lo mío no se curara nunca, ¿cómo me puede decir eso? A Leyla le molesta que no me cure, no puede dormir de noche. Sinceramente, nunca la he visto desvelarse. ¿Mentirá? (¡Esta Loca!) Creo que se molesta muy a menudo. Dice que no la escucho (yo si escucho) y que no quiere una marioneta que esté hablando consigo mismo por las noches ( ¡mentiras!). Dice que repito tu nombre una y otra vez, una y otra vez (¡mentira!) una y otra vez (¡mentira,mentira!) y otra vez (¡mentira, mentira, mentira!) y aquí es donde me pones en problemas Frankie, ¡ella no te ve!. Y yo tampoco. Pero te escucho. Y ella no. ( está sorda) No me gusta dormir solo Frankie, menos ahora que comienzo a aceptar, que no curaré jamás. Me arrepiento de haberte contestado el primer día que te conocí o escuché tu voz. ¡Me dijo que no quería estar conmigo nunca más! Porque hablaba contigo Frankie… ¡por eso! Ese día del restaurant… salí con mi paraguas por si llovía, tu siempre me dices que irá a llover (llueve afuera…), pero ese día el sol hubiera sido capaz de evaporar cada gota de lluvia, ¡ antes de que una sola tocase tierra firme! No llueve afuera Frankie… ese día entré al restaurant y ví como aquel mozo husmeaba su trasero con la vista. Lo ví porque ella entro segundos antes, pasó por su lado y lo ví. (Valga la redundancia mi querido Watson, lo viste…) Leyla llevaba una falda bastante corta que dejaba lucir sus suaves piernas y una blusa que esculpía sus curvas mejor que desnuda. Y ahí estaba el pedazo de basura, mirándole el trasero como si fuera una deliciosa torta de tres leches, jugosa y dulce, y deseaba partirla en pedazos pequeños y devorarla lentamente, yo lo sé Frankie, lo supe por su mirada lasciva, por sus ojos retorcidos y su sonrisa (mueca deforme que apenas se adivinaba una sonrisa de ella). ¡Exacto! No lo miré al cruzarme con él, pero guardé mi paraguas tan bruscamente que seguro notó mi enojo. Me senté en la misma mesa que Leyla (reserva 210) y me quedé mirándola por algún tiempo antes de decirle (Dios que estaba hermosa. Su sonrisa se me antojaba a algo nuevo y fresco, sus ojos brillaban mas que nunca sin mí, casi me apiade de ella y dejé que siguiera con su vida sin mas yo entremedio. Se veía hermosa sin mí) hola. Saqué un cigarro que tenía doblado en la camisa, y ella me miró incrédula. Me preguntó desde cuando fumaba y le dije que desde hace mucho, cuando me dijo que se iría de la casa porque no me soportaba más. (O sea hace una semana atrás) Me llevé el cigarro a la boca y calé lo más fuerte que pude, y Leyla propició una risotada casi masculina: - Mierda, de veras que te estás volviendo loco… - ¿ Puedes creer lo que me dice y yo no me enojo? (Está loca). ¡ Si se me viene la gana de fumarme un cigarrillo sin prenderlo es mi maldito problema! ¿Qué ahora se quiere divorciar porque fumo cigarros apagados? (Loca, loca, ¡loca!) Sacó de su cartera los papeles, que bajo sus manos se deslizaron sobre el fino mantel al momento que un mesero se nos acercaba para otorgarnos la carta (oh, el momento de elegir). No supe si fue porque estaba apurada o porque ya no quería perder un segundo de su tiempo con el peso de nuestros papeles de matrimonio. ¿Se veía feliz no Frankie? (¿cuándo?) El día de la boda. El día de nuestra luna de miel. El día que la besé por primera vez. El día que hicimos el amor. Eran días felices. ¿Te conocía Frankie? Y ese momento, el día que firmáramos el divorcio, se veía espléndida. Maldita sea… se veía feliz. (Loca de mierda) ¿Quién la entiende? ¿Y quien entiende la osadía de un perdedor en levita, con una pequeña mancha de… ¿qué? (vino..quiza..sangre…¡ a lo mejor!) de vino sobre su pecho y con una sonrisa de pacotilla, entregándole el menú a mi esposa y luego a mí, a quien llamó deferentemente Monsieur. El pobre tipo de los ojos de plato sobre el trasero de mi esposa. ¡Aún era mi esposa! Ella le rió coquetamente y yo solo lo miré. Nada más. Lo miré hasta que cruzamos miradas y volqué la vista hacia los papeles. Eran de divorcio… ¿ Qué pasó con el hasta que la muerte nos separe? (con el en buenos y malos momentos..) ¿ Qué acaso el amor no es superviviente al matrimonio? No, ella no quería estar conmigo porque hablaba de noche, le molestaban los insectos, calaba cigarrillos sin prender y los meseros le sonreían. Se volvió hacia mí y acercó sus labios a unos buenos diez centímetros de los míos, pero no me dieron ganas de besarla, porque sabía que ella no tenía intenciones de ello. Entonces me miró fijamente y pensé que eso podría ser algo mas que… lo que vino a continuación. Me preguntó como estaba, ( no dijo que te extrañaba) si no me sentía deprimido por las noches ( bastarda, si te suicidaras ni se darías por enterada) y yo, antes de responderle, le pregunté que si no me extrañaba. Retiró su rostro del mío, se sentó cabizbaja, respiró hondo (ella si puede calar el aire sin prender un cigarrillo, ¡ loca loca loca LOCA LOCA LOCA !) y. ( ¿y?) Me costó creer que no respondiera. Agarró un bolígrafo y, en gesto sumiso, como si yo debiera hacer exactamente lo mismo, firmó el documento. Creo que dudó, ( si claro, mira nomás al mesero ese, ¿viste como lo miró y le sonrió?) o me dio la impresión. Vi como el tipo ese volcaba hacia nosotros con una sonrisa pervertida, casi dando por seguro que yo saldría de ese local con mis papeles en la mano, firmado por ambas partes, listos para ser archivados y los anteriores quemados, incinerados, echados al olvido, al pasado, por quizá para siempre. Preguntó que iríamos a servirnos, miré a Leyla y supe que pediría una milanesa alla napolitana, es su preferida. Yo pedí un bife con guarnición y ella pidió pescado rebosado. (¡ Está loca!)

Le dijo gracias al mesero. Pero no gracias y listo, no un gracias y nada más. Fue un gracias y nos vemos mas tarde.. un gracias y afuera te espero. Desde ese momento comencé a actuar raro según Leyla. Me concentraba en lo que comía. Tan solo cortaba y engullía, repetidas veces, hasta terminar el plato. Maquinalmente. Supo a mierda todo, insípida hasta la coca cola. Me miró con lo que percibí fue una mirada tierna, y me dijo que sería lo mejor para ambos ( ambos es una palabra que no es excluyente, y tu no quieres dejarla ir) ¿ Lo mejor para ambos? Me estaba colmando su cinismo. Ahora, nada sería como antes. No saldría con la suya. No. (No.) Comenzó su arenga interminable, ininteligible e imparable. Como un alud que arrasa el pueblo completo bajo la montaña, comenzó su perorata. (¿Qué sabe la pendeja sobre lo que es mejor para ti? ) Habla por si sola. Ya no la escuchaba. Te escuchaba a ti Frankie, a ti. No lloré porque mis ojos estaban demasiado secos y porque vi que sus manos se movían inarticuladamente para dar a entender su mensaje poco honesto. Lo mejor para ella sería. Bah. (Eso es) El cuchillo que había usado para cortar estaba rojizo a causa del bife. Pensé en cuan filoso debía ser para cortar la carne a punto, ( ¿no pensarás lo mismo que yo verdad?) Habría de ser muy filoso… (si… mucho) La corté de pronto preguntándole si le había gustado su … pescado rebosado. Pronuncié esas palabras casi al escupo, denigrándolas lo más que pude. ¿ Desde cuando no se pedía su maldita Milanesa alla Napolitana? Recuerdo cuando le pedí otro plato y se puso histérica. Ahora, cuando ya no vivimos juntos (hace apenas una semana…) de repente no le gusta la milanesa, bebe coca-cola en vez de vino y le gustan los meseros de pacotillas, aquellos que le ríen atentos por un peso de propina. O un pezón. O toda su carne. Un polvo seguro que valía mas que la mísera propina que recibiría de nosotros. Que pendeja (la muy pendeja), seguro salían de ahí y unos polvos con el mesero (casi) apuesto no le vendrían mal. Su voz me trajo de vuelta a la realidad, o lo que creía que era esa escena en el restaurante, y me puso sin más, descaradamente, sin esperar a que termine mi coca-cola o que pida postre, el bolígrafo ante mis narices y el papel sobre la mesa, mi lado de la mesa. Ahí en letras grandes decía Firma. Me miró y asintió casi tiernamente, como diciéndome que fuera lo mejor que haría de mi bastarda vida. (Hazlo..hazlo..) Me costó tomar el bolígrafo con mis manos temblorosas, y miré el mesero de reojo, que atendía la mesa contigua, y que no le reía a la señora esa, no le reía con coquetería porque era una fea que nadie daría un peso por ella. Me dio rabia. Mucha. (hazlo…) Firmé. Listo. Todo había acabado. Esa romántica velada con Leyla, la deliciosa comida del restaurante ´Tres centavos y pacotilla¨y … (hazlo…ahora o nunca.) La miré directamente y le sonreí. Nada mas, solo le reí. Miré el cuchillo y la miré a ella. El cuchillo con la sangre de mi bife, y ella con su sonrisa y yo con sangre en el ojo. (Hazlo…) No podía dejarla irse con las suyas.. No. (No.. hazlo) La miré, reí, tomé el cuchillo y lo icé por los aires apuntando a Leyla, y grite: ¡Te voy a matar! Ella se cubrió el semblante con sus brazos de piel fina y blanca como la leche, y profirió un grito ahogado, vacío, de susto. Yo bajé el cuchillo y me comencé a reír, no daba mas de esta parodia de almuerzo, maldito almuerzo, no podía parar de reír a carcajadas, y las personas del restaurante me miraban atónitas, creí escuchar a alguien atragantándose incluso, y eso me dio mas risa aún. Maldita loca, ¿pensó que la mataría? Le pregunté casi sin aliento, entre risotadas, si realmente pensó que la mataría. Ella tenía un rostro enojado, no se reía nada, sus labios no se movían ni medio centímetro de risa. ¡ Ni medio centímetro de risa! – Estás loco, eres un imbécil- Me dijo histérica y mi risa ardió en llamas. Jamás había reído así, tan frenéticamente. (Hazlo...) en ese mismo momento, justo después de que Leyla me hubiera dicho imbécil, hubiera cogido en manos los papeles y dejado un peso de propina, el mesero se nos acercó afanado, preocupado por el escándalo que llevábamos al cabo como un buen drama musical de Wagner. (Hazlo..) Antes de que pudiera abrir su sucia bocota, lo hice.(Cierra los ojos y piensa en Inglaterra) Entre risas, tomé el cuchillo por la diestra y se lo clavé en la boca del estómago al malnacido. Con la siniestra le pegue un puñete que le hubiera dejado el ojo moreteado si lo hubiera sobrevivido. Agarré el tenedor y se lo clavé en los ojos (por mirón) mientras retiraba el filoso cuchillo que cortó la tersa carne de su abdomen mejor que mi bife sabor a mierda, y volví a ejecutar la acción repetidas veces, hasta que cayó rendido en el suelo, botando sangre por la boca y los ojos. El restaurante tronaba a gritos, la gente salía a tropezones, se escuchaba al dueño llamando a la policía. Miré el rostro perplejo de Leyla, y me reí. ¿Pensaste que te mataría, zorra de meseros con propina de un peso? Mi mano estaba manchada de sangre, y la limpié con las servilletas Frankie, ¡las servilletas! Debí haber usado sus buenas docenas para sacarme esa sustancia viscosa que arruinó los papeles de divorcio y mi firma sobre ellos. (Lo hiciste...) Entonces me limpié la boca, le deseé buen provecho a mi aún esposa (los papeles ya no funcionaban) y salí de ese restaurante, como pensé que saldría; casado y sin ese desgraciado mirón.

En cuanto a Leyla, Frankie, (le molestan los insectos, no puede dormir de noche, ya no le gusta la carne, le tiene miedo a los cuchillos y restaurantes, y se altera cada vez que ve un hombre apuesto de mesero) creo que se está volviendo demente.



Fin.

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