martes, 15 de julio de 2014

Dos más dos son cinco: ¿Nos acercamos al 1984?

Por Zoran Vranjican





Leer a George Orwell fue como llenar el vacío que esperaba aquellas palabras desde mucho tiempo y a la vez mermar un poco la ingenua esperanza de que algunos rasgos del presente sean sólo transitorios y perecederos. 1984 es sin duda un hito de la literatura; crudo, sobrecogedor, terriblemente visionario. Nos muestra hasta dónde está dispuesto el ser humano a llegar (y qué está dispuesto a destruir) para perpetuarse en el poder. Pone en arenas movedizas las organizaciones sociales, sus conceptos de la realidad y el tremendo poder mediático de la publicidad y las nuevas tecnologías. ¿No es acaso el mundo contemporáneo una especie de aprendiz Orwelliano? Es muy probable que sí y no nos demos cuenta. Si de algo sirve esta extraordinaria novela es para sentir de primera mano la angustia del sometido: Winston Smith es un miembro del Partido Exterior, un representante equivalente a la clase media de nuestros días, que es paulatinamente sometido y sobreexpuesto a la doctrina de un partido político. Los ojos que todo lo ven son del Hermano Mayor, un emblema del control que la Media tiene sobre nuestras vidas y sobre todo nuestra percepción de la realidad. Y es aquí en este punto donde Orwell articula quizás su más terrorífico argumento, y es que el objetivo principal del partido es camuflar de cordura la más enferma locura para perpetuar su poder sociopolítico. La capacidad del ser humano por conformar un grupo de poder que se perpetúe en sí mismo y perpetúe el poder como un fin más allá de sus miembros y la necesidad de mutilar todo lo que fuera lo más profundamente humano en las personas es, de manera abstracta, una posible realidad hoy en día.  
La información y el conocimiento han sido históricamente los recursos más importantes para el desarrollo del ser humano: los idiomas y la capacidad de comunicarse permitió la compleja organización social.
Sin embargo es posible que todo lo que nos rodea, a pesar de que nuestras tecnologías apuntan aparentemente a la información democratizada y al acceso libre y general, esté siendo diseñado, no necesariamente por un partido ni un gran hermano, con el objetivo de ser instantáneo, con etiquetas de disuelve rápido y sin esfuerzos, y de esta manera hacer de lo más profundamente humano, el arte, la ciencia, etc, un producto desvirtuado, sucio e inflado con aire y no con contenido, edulcorado intelectualmente de forma económica y extremadamente fácil de digerir y así limitar nuestra capacidad de comprensión y comunicación.
A través de los medios se distribuye la peor calidad de televisión, literatura, música, etc, con el único propósito de cumplir una expectativa en el mercado: vender. Es lo que se supone que la mayoría quiere pero, ¿sabe la mayoría realmente lo que quiere o lo que le interesa? 
La cordura es cuestión de estadísticas. Y lo que realmente deja aterrado es pensar que uno mismo se inflige un autoconvencimiento de que las cosas pasarán, que lo bueno prevalece, o quizás que lo malo en realidad es lo bueno. Inducir el autoengaño es exactamente lo mismo que el doblepiensa.
El doblepiensa en la novela es la clave del método del Partido Interior, que es un símil a la clase alta de nuestros días y que ha diseñado este panorama distópico para perpetuar su poder para siempre. Es imposible ir contra el sistema, porque los mismos que dirigen el sistema se han autoconvencido de que lo que dice el partido es la absoluta realidad, a pesar de ser una sarta de mentiras todo lo que proclama el partido.
No existe otra realidad que la que crea la mente, ¿y quién controla la mente? El partido. Hoy en día, ¿quién controla nuestras mentes? ¿Cuáles son nuestros parámetros de comparación? Una de los detalles más importantes del diseño de sometimiento del Gran Hermano es desproveer al pueblo, tanto los proles (la clase baja), como los del Partido Exterior, y por medio del doblepiensa, el Partido Interior (el cerebro de la máquina) es que han aislado a la nación del mundo y así quitándoles los parámetros de comparación. Por lo tanto nadie puede saber si están viviendo mejor o peor que otros sistemas y por ende, es posible vender la falsa verdad de que nunca se ha vivido mejor. 
Es verdad, hoy en día nunca se ha tenido más acceso a la cultura, al debate y a la diplomacia pero, ¿esto ha generado un progreso sociocultural? El problema es que los productos cada vez son más enlatados y procesados. La cordura es cuestión de estadísticas. Mil moscas no pueden estar equivocadas, alimentémonos de las heces.
En las páginas de la novela Orwell describe el producto que se transmitía por las telepantallas, que a propósito estaban siempre prendidas y no había manera de apagarlas, y este es sorprendentemente parecido a lo que vivimos hoy en día: 
En ellos se producían periódicos basura que solo contenían noticias deportivas, de sucesos y astrología, noveluchas sensacionalistas de cinco centavos, películas que rezumaban sexo y cancioncillas sentimentales que se componían por medios enteramente mecánicos en una especie de calidoscopio particular llamado << versificador>> ” 
Luego de leer esto se me hizo imposible no escribir un comentario ligando la realidad que vivimos culturalmente con los augurios certeros de un Orwell del 1947, que comenzaba su última novela y estaba ya pronto a fallecer.
Esto es exactamente lo que nos está ocurriendo. Ya las noticias importantes y culturales como las más desagradables o quizás las más tediosas de digerir han sido desplazadas tanto de la televisión como del periódico por cuchicheo y farándula, puro espectáculo. 
Es más, ya nadie quiere leer más de lo necesario gracias a las nuevas tecnologías, los teléfonos móviles y sus resonantes mails y whatsapps que suenan a toda hora y en todo lugar indiscriminadamente. La sobreexposición a la información y este constante diálogo digital del que muy pocos están libres en la sociedad de hoy, a pesar de que no es dirigido ni mucho menos impuesto por un Gran Hermano, se asemeja endemoniadamente al barullo de las telepantallas obligatorias a las que Winston Smith tanto les temía. Aún peor, nos sometemos voluntariamente a estas necesidades creadas y nos autoconvencemos que necesitamos estar siempre disponibles, que leer un nuevo correo electrónico en el segundo que nos llega es una necesidad que difícilmente se puede posponer. Se convierte en una necesidad autoimpuesta que, quien puede negar esto, ¡es casi idéntica al doblepiensa! Sabemos que leer los mensajes en un momento tranquilo y ajeno al trabajo y las ocupaciones diarias, tanto sociales como laborales,  es más que prudente y realizable, sino, ¿qué hacían nuestros abuelos al respecto? Sin embargo no lo podemos evitar. Cada vez más las calles se llenan de gente caminando de forma inconsciente chateando y mensajeando por los celulares y probablemente la mayoría de ellos no tiene ninguna necesidad laboral ni real de estar conectados las 24 horas del día. Esto crea discontinuidad en la realidad, se crea una realidad alterna donde lo que dicen en Facebook o lo que me escriben en el Chat es bastante más importante que la realidad del momento, la mente comienza a crear su propia y alterna realidad. ¿Quién maneja esta realidad? Por el momento, y ojalá, nosotros. Pero esto es una Tabula Rasa para ser manipulada y llevarnos fácilmente a la realidad de 1984, donde el bigotudo del Gran Hermano (que a propósito ni existía porque era un simple slogan, una cara bonita inmortal) ni soñaba con la facilidad de manipulación de datos que existe hoy en día, donde la mayoría de la clase media y alta tiene estos aparatitos inseparables llamados celulares que pueden ser usados para recibir y entregar información tanto de audio como de video. 
¿Quién se ha puesto a pensar seriamente que este diálogo incesante con la tecnología, este barullo perpetuo de sonidos, de mensajes entrantes, de información en su mayoría trivial e innecesaria, puede estar socavando nuestra capacidad de pensamiento, de argumento, de opinión propia y por último de libertad?
La tecnología está haciendo cada vez más énfasis en la eficiencia y lo instantáneo, dejando de lado el pensamiento lineal, la capacidad de articular un argumento sólido, una opinión propia y no copiada de la primera frase inspiradora que alguien postée en Twitter o lo que dice un titular, que por cierto es un pedacito de información enlatada que pretende resumir (o vender) una idea y nada más, está favoreciendo la lectura rápida y por ende la comprensión superficial, el pensamiento en staccato donde se posee más información pero menos profundidad. Terminamos como loros, grazblando (en términos de nuevalengua, es decir graznando como un pato cosas preconcebidas y para nada interiorizadas) mutilando la continuidad de un pensamiento en virtud de una palabra que contenga una idea prefabricada, un solo significado indiscutible. ¿Cuándo ha sido la última vez que ha leído un periódico y ha leído todos sus artículos de principio a fin y no ha simplemente ojeado los titulares y sacado sus conclusiones? Cada vez hay menos lectores, James Joyce está siendo condenado al olvido simplemente por demandar un esfuerzo intelectual sostenido, las maravillas de J. S. Bach no pesan absolutamente nada al lado de figuras enlatadas como Lady Gaga o Justin Bieber,reyes de una civilización del espectáculo, por el simple hecho que todas estas piezas de arte, obras elaboradas y complejas, sofisticadas, exquisitas, demandan un esfuerzo mucho mayor del receptor, no existen sin la voluntad de querer comprender, aportar desde el receptor a crear la cultura. El arte es responsabilidad compartida, no existe si no hay alguien quién lo interprete, quién lo reciba, quién cree una realidad abstracta y personal a partir de ese elemento gatillador de cogniciones que podría ser la obra de arte. 
Es más fácil recibir una imagen, que se supone vale más que mil palabras lo cual no es cierto, que leer un texto, pero todo esto tiene un alto costo: la ignorancia. No es ignorante el que sabe poco, sino que el que no es capaz de generar sus propios conocimientos. Tal parece que los medios apelan a la falta de información personal, a la información falaz, a la información imprecisa, vaga o descaradamente mentirosa. La cultura se ha ido destruyendo, transfigurada en una no-cultura donde todo es arte y por lo tanto ya nada es arte, lo que quizás se originó como una vanguardia ahora es un pretexto para exponer y distribuir falso arte, un arte barato que no sorprende ni impacta a nadie, y ya quizás nadie quiera ser sorprendido o impactado.

La política se ha vuelto hueca, vanidosa, falta de argumentos, donde la foto del candidato se ha hecho slogan e importa más una sonrisa blanca y transparente, un aspecto paternal o maternal que te indique que todo estará bien, que cuidarán de ti y tus intereses (si acaso la sociedad verdaderamente tenga claro cuáles son sus intereses y los del planeta) y a nadie le interesa mucho las propuestas que un partido traiga y mucho menos si cumple lo que se promete o bien si es posible cumplirlo desde un principio. La gente se aplica el doblepiensa, hace la mirada gorda ante los abusos y dobles discursos, porque les acomoda una ideología u otra y no les importa qué es lo que hagan con tal de no contradecirse. La política ha dejado hace mucho de ser coherente y fiel a sus enunciados, pareciera que todo es maleable, que toda verdad es posible doblarla, encontrar un resquicio argumentativo con el que sea posible la triquiñuela del doble discurso, del hoy si pero quizá mañana no, el doblepiensa por todos lados: la realidad que se dice hoy es la que ha existido siempre, no importa si el pasado lo contradiga, la realidad es un estado de la mente y siempre y cuando el ser humano sea capaz de engañar a su mente, de doblegar la razón, será capaz de crear nuevamente un pasado y así vivir en un presente fluido y maleable, donde ya nada de lo que alguien pueda decir es decisivo, donde la responsabilidad de una postura se disuelve en el mar de vaguedades, donde los argumentos de locura están camuflados de cordura gracias al profundo desinterés de la gente aturdida de información que procesan de manera incompleta y desvinculada de reflexión alguna, nunca armándose de fuerza de voluntad para investigar, cuestionar y replantear todas las verdades absolutas que nos plantean los partidos políticos, las religiones, la oferta y demanda de los mercados y en fin, todos los mecanismos de nuestra actual realidad que operan como repetidores de una cultura plástica y mecánica, para empobrecer y acaso destruir lo más profundamente humano, el verdadero vehículo de expresión, la cultura, el pensamiento propio, el conocimiento y la libertad intelectual. 

1 comentario:

  1. Segunda vez que me pasa.... escribi un chorizo de cosas y no se publico.... que pena.
    Pero lo dijiste todo Zoran!
    Hay cosas que son imposibles como ir en contra del sistema, es algo de lo que pienso que no te podes liberar en lo absoluto, siempre llega un punto por mas mínimo en el que interactuas con él, hasta "sin querer". Pero no soy dueño de la verdad ni mucho menos practicante :D
    Orwell miro hacia adentro, agrego imaginación y describió perfectamente el futuro, lo cual da una muestra que somos seres predecibles. Con PODER viene el conocimiento de tus alrededores, y sin importar tus principios o tus ideas creo que siempre se termina aceptando el "bien" o por lo menos inventandote lo "bueno", para luego hacer un pacto de no agresión con el mal (o la parte que se conoce), claro, todo dependiendo de lo que mas convenga a tus convicciones y paradigmas... Éso es lo que no se sabe concretamente, sin embargo la rueda avanza firme.
    Saludos!

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