no falta nada cuando
la piel se percata de
una brisa suave acallando
la grama
no falta nada
si el café está caliente
afuera llueve
y tu mano como una manta
cubre mi cuerpo entero que se encoge
para encajarse en tu palma
no falta nada porque
el cuerpo del tiempo se achica
a cada paso perdido
entre árboles de bosque
no hay rumbos, después de veinte años
gritan mis manos que han tocado tanto
mis pies que han caminado
y mis ojos miran al cielo diciendo:
no basta, sólo comenzamos
apresúrate, el tiempo se vuelve escuálido
y por último sabemos que no nos falta nada
cuando un golpe de silencio nos arrebata el pecho
y muy dentro nuestro de pronto entendemos
que no hay caminos que caminar
sólo aromas de café
de cabellos lisos flotando sobre estepas
sólo existen las caricias en este mundo
y el amor de una madre:
no hay nada más que parto
nacimientos perpetuos
que afloran, crecen y dan frutos
mientras otros tiemblan con mucho frío
sus últimos momentos de este mundo
y se vuelven posibilidad
nuevas luces y nuevas estrellas
semillas que fecundan nuestras tierras bien pisadas
pero no cansadas de sostenerlo todo
el aroma a café
tus besos que florecen en cerezas rojas y dulces,
el árbol donde nací
y ese camino entre los bosques que parece oscuro
pero hay una luz eterna que lo ilumina porque sé
que nada falta
y que no hay caminos (sólo la ilusión)
que no hay caminos que nos hagan perder nada
porque si miras bien el firmamento de la noche
aunque mueran y nazcan todos los días sus estrellas
no habrá nunca nada que sobre ni que falte
en ese perpetuo arte de morir
de morir de estrellas y cielos, de mundos incandescentes
si miramos bien
no habrá nunca nada que falte
aunque nos cueste admitirlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario