martes, 7 de junio de 2016

Lucía, como la luz de una estrella






Y a pesar de que sabía exactamente que responderle, sería como volver al principio de nosotros. Había olvidado hace tanto tiempo la sensación, se había evaporado de mí esa palabra tan plural. No pude evitar mirarle a los ojos, - hace frío acá,  ¿no? -  y sentir temblores irrefrenables en las manos, los pies, en todo mi cuerpo y la urgencia, por que no hay nada que posea vida sin urgencia, de arrancarme la piel que me había tejido todos estos años.
- Me hace frío también - Me contesta.
Pero antes de eso, la pregunta. Una sola palabra que era equivalente a un discurso largo y tendido sobre el instinto más esencial de todas las cosas, el origen de absolutamente todos los abrazos y temores, la razón de los niños sobre la tierra y las ambiciones, las horrendas manipulaciones y también, ¿por qué no?, las grandes alamedas de saber que hemos construido.
Era obvio. A esa pregunta, con toda el alma, sí. Pero me he escondido bajo las mantas del pasado. ¿No lo ves? ¿Qué vivo escondiéndome de ti? ¿No ves acaso esta nueva piel? ¿Esta sonrisa parpadeante que me he fabricado? Como tus ojos me la he fabricado, inspirado en tus ojos.
- ¿ Y bueno? -
Escuché su respiración al otro lado del teléfono, no pude reconocer absolutamente nada de aquello. Qué lejana, o yo que ya no entendía de suspiros y mensajes ocultos detrás de llamadas telefónicas.
- Buena pregunta -  Repuse. Voy en seguida.
Si me preguntas, ya no estoy para rodeos. Qué manera de ser difícil leer la mente. Pensé que era mejor mirarla de frente y que reciba mi respuesta, que después de eso pueda ver su rostro y así quizás saber de que se trata todo esto, esta locura de adolescentes.
En unos segundos estaba estacionando mi carro al lado de la vereda. La vi abrir el portón lentamente, su pie primero, luego su rostro blanco, acariciado por mechones de su cabello que le caían ondulantes.
¿Y bueno?
Buena pregunta.

Me miró feroz, ávida, pero sin maldad, con urgencia. Le tomé de la mano y la suavidad fue placentera. Llegaron a mí desde el cielo, como puntos de estrellas, pequeños sonidos titubeantes, respiraciones entrecortadas que venían de habitaciones lejanas de mi oído imaginario, ecos. Imágenes de ella, una sonrisa entremedio de un bosque, no recuerdo cual, cuando se volteaba y me miraba, yo atrás siempre observándola, admirando tu perfecta belleza, ¿no vienes? me pregunta y de pronto la veo ahí parada frente a mí, con la luz de la luna sobre sus pómulos, esperando.
¿Qué podría decir que no fuera para mí ahogarme una vez más? 
Después de todo había elegido cada una de mis palabras como una nueva vida. Con cuidado, había ido borrando del manuscrito ideas que sobraban, o muy obvias, o dolorosas. ¡Había creado una tan hermosa mentira! Una donde era yo quien elegía de dónde sacar las frases y las oraciones sinceras, tachadas todas. Todo lo que recordaba a una verdad está fuera de esta historia, se ha convertido en un fantasma que asecha, que vibra entre cada espacio de las letras cuidadosamente elaboradas. Había dedicado tanto a editarme,me había tardado años en construirme. Quiero que quién me lea sienta lo hermoso que son los secretos que callo. Que en voz baja se acerquen y me pregunten aquello que saben que tiembla debajo de estas palabras llenas de hipocresía, y que me pregunten al oído si en verdad lo real es todo aquello que no digo, y que se filtra a través del vacío de palabras lógicas como se filtrara el aire helado a mi cama cada vez que pienso en tu cuerpo ausente a mi lado. ¡Habría llorado de alegría al saber que todas esas mentiras y mundos que me había creado para mí pudieran inflar los pechos de la gente como sacarina y sacarles más sonrisas! Por que sé que la verdad está ahí para quien lee entre líneas. Había tejido nuevamente cada centímetro de mi cuerpo. A cada mirada le había dado una forma nueva; un recuerdo tuyo a cada emoción.
- Me hace frío. - Me dices.

Otra imagen. Estamos en la cama y recuerdo abrazarla, sentir su piel que se escurría ligeramente a través de la yema de mis dedos. Asciendo y sus senos calzan perfectamente en mis palmas abiertas. Recuerdo pensarlo, y en ese momento decirlo en mi mente (el recuerdo) y mi voz lo dice en la realidad del sueño:
-…tan perfecta para mí, que pareciera que tu cuerpo le calza justo al mío cuando…-
Otra vez esa sonrisa tímida, sus párpados dirigen su vista hacia abajo, hacia mis manos, tensa sus labios en una sonrisa acallada por el gemido, siento su cuerpo apretarse contra el mío, su espalda encajarse en mí, el aroma de su cabello, sus pestañas danzando…
- No voy a esperar toda la noche aquí parada. -
- ¿Sabes que cada luz de cada estrella que brilla para nosotros está tan lejos, que probablemente ya no exista al momento de mirarla? -
Su rostro se confundió. Soltó mi mano. Dos pasos hacia atrás, ¿había arruinado el momento? Y si era así, ¿qué momento? No hay respuestas correctas, no hay momentos, no hay errores, todo ocurre y nada más
- Si lo sé- 
Arrastró las palabras. ¡Cómo me fascinaba aquello! Una especie de música única, kind of blue, algo imposible de explicar.
- Entonces, ahí está mi respuesta. 
- ¿Qué clase de respuesta es esa? 
- La única que te puedo dar 
- No puedes dejarme así, no después de lo que está en juego acá.
- ¿Cómo se llama?
- ¿Quién?
- No es quién…
- ¿Qué cosa entonces?
- Lo que sientes, lo que dices que sientes, lo que me preguntas, eso.  Mi respuesta es clara si supieras de lo que estamos hablando acá.
- Si no quisiera darle otra oportunidad a lo nuestro, no estaría acá en medio de la noche, contigo, afuera de mi casa, mientras todos duermen, esperándote.

Otra vez imágenes. Caminamos por la playa, el pantalón remangado hasta las rodillas, las olas que nos alcanzan son frías. Ella ha comenzado a correr por la arena. Su cabello se tambalea en el aire, hay algo de inocencia perdida en aquello que hace temblar mi pecho. Yo una vez más parado, en silencio, observando. Como si en ese entonces pudiera haber presentido algo. Nos unía ese momento a mí y a él que está parado en la playa, desde este espacio sin tiempos, los dos sabiendo que somos la misma persona, una desnuda y la otra vestida de mentiras y sonrisas perfectas, observábamos, presintiendo. Pareciera que toda mi vida se trata de eso.
- Otra oportunidad.
- ¡Sí! 
No existe tal cosa, pienso. Oportunidades, sólo vientos del destino que vuelcan tu rostro hacia todas las direcciones, azar, rayos de luz, pensamientos, flores, todo aquello mezclado. Le tomo la mano con delicadeza. Percibo sus añoranzas. Huelo el aire que respira. Me veo solo en todas las situaciones de mi vida, y sé que tengo que decírselo. Siempre supe la respuesta.
- No. -
Sus ojos se abren paso entre largas pestañas, expresivos, y se humedecen como una flor que amanece bañada en rocío. 
No, pienso, y le suelto la mano. Cae como una pluma flotando en el aire.  Me alejo en ese momento, la luz de una estrella, pienso. Como la luz de una estrella. Su rostro a mis espaldas brilla con más intensidad que nunca, estrellas, constelaciones,  pienso. La miro brillar incandescente, más potente que nunca, ¿un sol? - hace frío acá- el eco de su voz me recuerda. Ningún sol entonces, no podría serlo, pero pienso; no te engañes, que aquella luz que se ve como un sol radiante, ha muerto hace años y es curioso el efecto del tiempo y el espacio sobre nuestros cuerpos de carne y hueso. Toda la luz de su cuerpo me ilumina y ahora que he muerto miro hacia atrás por última vez.

Estoy en el auto y las imágenes atiborran mis sentidos, y esa luz cegadora que venía en todas las direcciones se junta con la luz de otro farol que arremetía directamente contra mí.
Por un instante eterno camino en una playa, solo, y sé que todo a mi alrededor está construido de metáforas de mi vida. Es ahí donde miro al cielo que no está ni amaneciendo, tampoco anochecido, y sus labios son una estrella muriendo en supernova, una luz que me succiona.

En el último momento de realidad sentí un empujón hacia el cielo que le acompañaba un sonido atenuado y grave. Abrí mis ojos empapados de lágrimas y ella, la estrella que había muerto hace siglos ya, se había convertido en luz y los focos de otro auto se mezclaron en una sola luz que no pude soportar despierto. 




Junio, Santiago.
Chile

                                                                        
                                                                                                                                                                              
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Fotografía por Romina Feldman
www.facebook.com/rominafeldmanfotografia

                                                                                                                                                                                       
                                                      

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